El surf en Mar del Plata y la dictadura: Las historias de un cultura joven marcada por prejuicios y controles

24 de marzo de 1976, militares en la costa marplatense (Fuente: La Capital)

Por Benjamín Delacroix y Santiago Wesenberg para el #MediaLab de Portal Universidad

El 24 de marzo de 1976 comenzó la época más oscura de la historia reciente argentina con el inicio de la dictadura cívico-militar. Un período marcado por persecución sistemática, censura, represión y crímenes de lesa humanidad. En ese marco, los jóvenes fueron uno de los sectores más perseguidos por el gobierno de facto y la restricción de ciertas actividades sociales predominó dentro de los planes del régimen. La represión no se limitó únicamente a la política. La dictadura impulsó un fuerte control sobre distintas expresiones culturales, en un contexto donde, incluso, el deporte se vio perjudicado por un gobierno que buscaba evitar los encuentros sociales.

En ese sentido, Mar del Plata no fue la excepción, porque actividades deportivas como fútbol o rugby se vieron afectadas, con casos de jugadores que fueron perseguidos y desaparecidos. Mientras el proceso militar desfavorecía distintas disciplinas, en las playas de la ciudad se comenzó a consolidar una cultura: el surf.

Surfistas en el campeonato de 1982 realizado en Miramar (Fuente: Fotos Viejas de Mar Del Plata)

La disciplina surgió en la ciudad en los años 60’, bajo una corriente californiana y en grupos reducidos de personas, quienes utilizaban tablas mucho más grandes y pesadas a las que estamos acostumbrados hoy en día. En aquellos años, el surf todavía era una actividad minoritaria y poco conocida, los que practicaban el deporte eran solamente alrededor de 50 personas y, con el paso del tiempo, el ejercicio empezó a ganar popularidad y lentamente se fue consolidando. Ya en tiempos de dictadura, el surf no estuvo prohibido formalmente, pero sí atravesó trabas: dificultad en su práctica cotidiana y prejuicios a los surfers

A 50 años del golpe de Estado, este informe reconstruye cómo se vivió el surf durante la dictadura a partir de datos y testimonios de distintos personas que pasaron esta etapa a la par del deporte: uno de los pioneros del surf marplatense, Domingo “Sandi” Errecaborde; el presidente de la Asociación del Surf Argentino, Freddy Tortora; y freesurfer que tuvos sus inicios en este período, Marcelo “Rasta” Albanece.

El surf antes del golpe

Sandi Errecaborde y las tablas antiguas (Fuente: Fotos Viejas Mar del Plata)

A medida que el surf comenzaba a crecer en Mar del Plata, empezaron a surgir conflictos entre bañistas y surfistas. Las tablas de la época eran grandes, pesadas y no contaban con pitas, elemento de seguridad que el surfista se ata en el pie para resguardar la tabla. Esto representaba un riesgo para las personas que se encontraban en el agua, sobre todo en temporadas de verano. Por ello, el municipio lanzó la ordenanza, que actualmente sigue vigente como la N° 14.269, delimitando los horarios de la práctica dentro del mar. “Hubo restricciones de horarios, te dejaban surfear antes de las 9 de la mañana o después de las 6 de la tarde, y si el día estaba nublado o feo. Nosotros nos enojábamos y, a veces, nos puteábamos con los guardavidas”, recordó Errecaborde.

Por eso, a mediados de la década del 60’, los surfistas pioneros exigieron al municipio un área reservada para el surf. Y así fue. La Municipalidad le otorgó la zona de Waikiki con acceso prohibido para los bañistas. “A nosotros nos vino bárbaro porque era solamente para surfear y no tener problemas con las tablas”, comentó. Y agregó: “En Waikiki, hicimos carteles Área de surf, prohibido bañarsey los pusimos entre las rocas. Entonces, si alguno se bañaba y vos lo golpeabas, no era responsabilidad nuestra”.

En esa línea, existía una tensión constante entre los surfistas y guardavidas, que en aquel tiempo en su mayoría eran rugbiers, no como hoy en día, donde la profesión está hoy muy vinculada al surf. Sandi explicó que ellos eran la máxima autoridad y los dueños de la playa”. Por su parte, Freddy Tortora complementó: “Si aparecías con una tabla, el guardavidas tenía la orden de decirte que no o de sacarte la tabla. A mí me pasó una vez que los guardavidas me sacaron la tabla y me la devolvieron cuando terminó el día”.

El surf en tiempos de dictadura

Escuela de Suboficiales de Infantería (Fuente: 0223)

Con la llegada de la dictadura, el cuestionamiento y los prejuicios hacia el surfer aumentaron. La zona sur de la ciudad, especialmente el sector del Faro, lugar utilizado cotidianamente para surfear, se vio alterada por la presencia de las Fuerzas Armadas y la instalación de un centro clandestino de detención. En ese lugar funcionabaLa Maquinita, una playa frecuentada por los surfers por sus condiciones para surfear, que fue ocupada por una base militar donde había garitas con soldados que portaban fusiles.

Según contó Sandi Errecaborde, muchas veces los militares impedían directamente el ingreso al agua. “Vos querías ir remando para surfear en La Maquinita y nos tiraban tiros al aire para que nos corramos”, dijo. Asimismo, Tortora aseguró: “En ese lugar los militares no te dejaban surfear, por lo que te tenías que ir”.

“Voy a la guardia, me presenté y le dije al almirante: ‘Soy el escribano Errecaborde. Mire, nosotros queremos surfear acá. No vamos a venir todos los días, solo cuando el mar esté en especiales condiciones, puede llegar a ser 4 o 5 veces al año. Le traigo una nota y le doy una lista con los surfistas autorizados a entrar, ellos se presentan a la guardia con el documento y se meten a surfear’. Le caí simpático al almirante y le traje 10 o 12 personas, que eran mis amigos. Después cambiaron al comandante y se acabó el permiso. Intenté hacerlo de nuevo y no me lo autorizó, quizás un poco por celo”, revivió.

Lista que preparó “Sandi” (Foto: Saeta)

La presencia militar en la zona representó un desafío constante para los surfers. Marcelo Albanece explicó la situación que vivió: “En el sur, siempre andaba con carpas y me quedaba acampando todo el fin de semana. De ahí cerca, del Faro, salían los militares, te enganchaban y te sacaban. Siempre con amenaza de que te iban a quitar todo. Ahí pasaron todas las cosas, pero yo no lo viví”.

Los conflictos entre bañistas, guardavidas y surfistas continuaron durante los años de la dictadura y algunos episodios quedaron marcados entre quienes frecuentaban las playas. Uno de los casos más recordados ocurrió en el IOT, cuando a un surfer se le soltó la tabla y terminó impactando cerca de unos bañistas. Según indicó “Sandi”, un almirante que se encontraba en la playa dio aviso a Prefectura, que inmediatamente intervino y retiró del agua a todos los jóvenes que estaban surfeando en el lugar.

Errecaborde en Playa Grande

Los surfers fueron trasladados junto con sus tablas y permanecieron demorados hasta que, días más tarde, recuperaron el equipo. Aunque el episodio no derivó en mayores consecuencias, quienes estuvieron presentes todavía recuerdan el clima de intimidación y abuso de autoridad que se vivía en ese tipo de situaciones. Sandi Errecaborde precisó que “un íntimo amigo estaba ahí y no la pasó nada bien, porque no te gusta que te suban a la lancha de Prefectura, te lleven y te caguen a pedos”.

Los controles policiales también formaban parte de la rutina cotidiana de muchos surfers durante aquellos años. Circular con tablas, usar pelo largo o simplemente reunirse en grupo podía ser motivo suficiente para ser frenados por controles policiales. De acuerdo al testimonio de Albanece, el objetivo no era solamente controlar, sino generar miedo.

El freesurfer marplatense recordó un episodio ocurrido mientras regresaba del sur de la ciudad junto a un amigo con las tablas cargadas en una camioneta Chevrolet. Según contó, una patrulla policial comenzó a seguirlos y, luego de dar la vuelta, les ordenó detenerse. “Nos revisaron todo, nos pedían documentos y te trataban mal”, relató. Aunque no encontraron nada, la situación dejó una sensación de temor e incertidumbre. “Yo andaba con miedo. No era respeto, era temor de lo que me podía pasar, expresó al describir el clima que se vivía durante la dictadura.

Gustavo Romero en “La Popular”, 1976 (Fuente: Fotos Viejas Mar del Plata)

Todos esos episodios reflejan cómo el contexto represivo de la dictadura también atravesó la vida cotidiana de quienes surfeaban en la ciudad. Aunque el surf nunca estuvo prohibido formalmente, los controles y la presencia constante de las fuerzas de seguridad formaron parte de una época marcada por el temor entre muchos jóvenes que practicaban la actividad. En paralelo a estas situaciones, los surfistas tuvieron que convivir con los prejuicios sociales.

Los prejuicios y estereotipos sobre el surf

Aunque el surf continuó creciendo durante los años de la dictadura, quienes realizaban el deporte convivían diariamente con distintos prejuicios sociales vinculados a su apariencia y estilo de vida. En una época atravesada por el conservadurismo, el control y la vigilancia sobre la juventud, la imagen del surfer comenzó a quedar asociada a estereotipos de una cultura que llegaba de California relacionados con la vagancia, el consumo de drogas y la música rock. El pelo largo, la ropa informal y las largas horas en la playa generaban desconfianza, sobre todo en las propias fuerzas militares.

A diferencia de la actualidad, donde el surf está completamente incorporado como deporte en la ciudad, durante las décadas del 70’ y 80’ la actividad todavía era vista como algo extraño o marginal. Muchos surfers recuerdan que eran frenados por la policía simplemente por su aspecto físico o por circular en grupo con tablas de surf. En muchos testimonios aparece una misma sensación: la de sentirse cuestionados o sospechados por no encajar dentro de los modelos estéticos que promovía la dictadura. Errecaborde detalló que “el surf no arrancó con una buena fama. Porque venía de una tradición californiana de chicos que eran vagos y el amor libre y se trasladó acá. No lo veían como deporte, sino como cuatro pelilargos que andaban pelotudeando en el agua”.

Surfistas en el Torreón (Fuente: Fotos Viejas Mar del Plata)

Según explicó, los surfistas muchas veces eran asociados automáticamente al consumo de drogas y a un estilo de vida de “vago”, en un momento en el que la Policía Federal, almirantes, generales y otros cargos militares eran muy estructurados. La música también formaba parte de esa identidad cultural que generaba desconfianza. Freddy Tortora señaló que el ambiente surfer estaba muy ligado al rock y a bandas internacionales que muchas veces ni siquiera llegaban al país debido al aislamiento cultural impulsado durante la dictadura. “El surfista siempre escuchaba música y por ahí había bandas que ni tenían discos en Argentina, porque no había una abertura hacia el mundo por parte de los gobiernos de ese momento”, indicó. Y añadió: “Al surfista le podía pasar lo mismo que le podía pasar a otro”.

Marcelo Albanece recordó un episodio ocurrido cuando tenía alrededor de 14 años y se dirigía a surfear en bicicleta con la tabla cargada. Una patrulla comenzó a seguirlo lentamente hasta que, de manera repentina, el vehículo se le cruzó en el camino y lo hizo caer. Inmediatamente, los policías lo apoyaron contra el auto y comenzaron a interrogarlo de forma agresiva. “Primero no te preguntaban nada, después te trataban mal”, expresó.

Mientras algunos vecinos observaban la situación desde lejos, los efectivos aseguraban que solamente estaban averiguando antecedentes. Albanece señaló que le preguntaron a dónde iba, por qué los miraba y si llevaba documentación. “Yo estaba en malla, musculosa y con la tabla. Les decía:¿A dónde querés que lleve el documento?’”, recordó. Según sostuvo, los policías justificaron el operativo diciendo que los había mirado “mal” mientras circulaban por la calle.

El freesurfer aseguró que situaciones como esa eran habituales durante aquellos años y que el objetivo principal “no era imponer respeto, sino que te querían imponer miedo”. Finalmente, tras varios minutos de amenazas y revisiones, los efectivos lo dejaron ir con una advertencia: “Por esta vez no te llevamos”.

Campeonato argentino 1971 (Fuente: Fotos Viejas Mar del Plata)

Las sospechas sobre el ambiente surfista también estaban fuertemente vinculadas al consumo de marihuana, un estereotipo que acompañó al surf desde sus comienzos en la ciudad. “Sandi” Errecaborde recordó que durante la dictadura sufrió reiterados allanamientos en el local de surf que había abierto en la Galería Eves a comienzos de los años 70’. “Tenía un empleado, Carlos, que estuvo preso durante un año en Bahía Blanca y la pasó mal. Así que le di laburo”, puntualizó. Además, aseguró que “Carlitos tenía un olfato especial para detectar canas”.

Según detalló Errecaborde, el local atravesó al menos dos situaciones similares. En ambas oportunidades, su empleado detectó la presencia de personal de la Policía Federal que ingresaba al comercio simulando ser clientes y se probaban ropa dentro de los vestidores. Carlos advirtió a “Sandi” sobre esto y sospechó que podrían haber dejado algo en el vestidor para culparlos. Horas más tarde, al revisar el lugar, encontraron pequeñas bolsas con marihuana escondidas detrás de espejos o debajo de alfombras.

Días después, efectivos federales encabezados por un comisario realizaban allanamientos en el local y revisaban completamente el comercio en busca de droga. “Sacaban los espejos, daban vuelta todo y no encontraban nada, recordó Errecaborde, quien interpretó esos episodios como intentos de incriminar al ambiente surfer y a su empleado.

Grupo de surfistas en Kikiway (Fuente: Fotos Viejas Mar del Plata)

Incluso en esa época se organizaron múltiples competencias de surf en Mar del Plata, como el campeonato argentino realizado en Miramar, que contó con 200 participantes, o también torneos en IOT y en el Torreón, aunque conseguir autorización oficial no era un proceso sencillo. Según explicó Tortora, la relación con la Municipalidad era compleja y atravesada por una fuerte burocracia, lo que dificultaba la realización de eventos deportivos en la costa.

El presidente de la Asociación Argentina de Surf explicó que obtener un permiso podía demorar meses e incluso cerca de un año. “Para que te autoricen un campeonato era como hacer una gestión larguísima, te tenían esperando mucho tiempo”, señaló. En ese sentido, sentía que la actividad no era valorada institucionalmente y que, en muchos casos, era minimizada o directamente desestimada. La mirada social sobre el surf también influía en las decisiones administrativas y los estereotipos negativos dificultaban su reconocimiento como deporte organizado.

                   

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata

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