La FCSYTS inicia un proceso de transformación curricular para sus tres carreras

La Facultad de Ciencias de la Salud y Trabajo Social de la Universidad Nacional de Mar del Plata (FCSYTS-UNMDP) comenzó a trabajar en un proceso de transformación curricular de las carreras de Enfermería, Terapia Ocupacional y Trabajo Social. La propuesta busca revisar de manera integral la formación profesional y pensar qué perfiles necesitan construir hoy las carreras, en relación con los escenarios sociales, sanitarios y comunitarios contemporáneos.
La iniciativa parte de una definición conceptual: “Estamos llevando adelante una ‘transformación curricular’ y no solamente de ‘reforma’, porque el objetivo no es limitarse a modificar asignaturas, contenidos, correlatividades o cargas horarias. Estamos poniendo en discusión la formación”, explicó la decana de la FCSYTS, Gabriela Guerra.
En ese sentido, el proceso comenzó por una pregunta central: ¿qué profesionales necesita formar hoy una universidad pública como la UNMDP?. A partir de allí, la discusión en la unidad académica se orientó a definir qué conocimientos, capacidades y experiencias debe construir un graduado o graduada para intervenir de manera crítica, ética, situada e interdisciplinaria en los distintos escenarios profesionales.
Pensar las carreras como trayectorias formativas
Uno de los ejes de la transformación es dejar de concebir el plan de estudios como una suma de asignaturas independientes y comenzar a pensarlo como una trayectoria formativa integrada.
“Necesitamos poder responder qué aporta cada asignatura al perfil de egreso y cómo se articula con lo que el estudiante aprendió antes y con lo que deberá construir después”, señaló Guerra. En este enfoque, la integración curricular ocupa un lugar central y permite revisar cómo cada experiencia contribuye progresivamente a la formación desde el ingreso hasta el egreso.
La propuesta también busca incorporar con mayor fuerza los escenarios reales de formación e intervención. Las problemáticas vinculadas con la salud, los cuidados, las desigualdades, las discapacidades, las violencias, el mundo del trabajo, las niñeces, las vejeces y las cuestiones socioambientales, entre otras, requieren abordajes que no pueden quedar circunscriptos a una única disciplina.
Por eso, la FCSYTS plantea que los problemas contemporáneos y los escenarios profesionales puedan convertirse también en organizadores de experiencias de aprendizaje. En este marco, el territorio no es entendido únicamente como el espacio donde se aplica lo aprendido en el aula, sino también como un lugar donde se produce conocimiento y formación.
Articular docencia, investigación, extensión y territorio
Otro de los ejes del proceso es fortalecer la articulación entre docencia, investigación y extensión. La propuesta busca que los estudiantes puedan participar de experiencias territoriales, investigar problemas, producir conocimiento, trabajar con distintos actores y posteriormente sistematizar y conceptualizar esas experiencias.
“Queremos avanzar hacia una formación en la cual esas funciones puedan encontrarse”, explicó Guerra. La iniciativa apunta así a construir una relación permanente entre conocimiento, territorio, investigación e intervención, superando la separación entre el aprendizaje en el aula y el contacto con las realidades en las que los futuros profesionales desarrollarán su trabajo.
Una nueva mirada sobre la terminalidad
La transformación curricular también contempla revisar el lugar de las instancias finales de las carreras. La Facultad propone repensar la tesis, el trabajo final o la última práctica no solamente como requisitos para obtener el título. La intención es que ese momento permita recuperar los aprendizajes construidos a lo largo de la trayectoria, identificar problemas, formular preguntas, utilizar herramientas teóricas y metodológicas, investigar, intervenir y producir conocimiento. “La terminalidad no debería ser un trámite final separado del recorrido. Debería ser una experiencia formativa de integración”, sostuvo Guerra.
El estudiante como protagonista de su formación
La incorporación del sistema de créditos también forma parte de la discusión. Para la Facultad de Cs. de la Salud y Trabajo Social, esto representa una oportunidad para dejar de medir la formación exclusivamente por el tiempo que el estudiante permanece en el aula y reconocer también las horas destinadas a leer, investigar, producir, desarrollar proyectos, estudiar y trabajar con otros.
En este sentido, los créditos no son pensados simplemente como una conversión matemática de horas, sino como una herramienta para revisar las experiencias formativas y el trabajo intelectual, práctico y autónomo que requiere cada instancia.
La transformación alcanza además a las formas de enseñar y evaluar. Si se pretende formar profesionales capaces de analizar problemas complejos, trabajar interdisciplinariamente, intervenir en territorio, tomar decisiones fundamentadas y producir conocimiento, la propuesta sostiene que esas capacidades deben poder desarrollarse y evaluarse durante la carrera.
Así, la evaluación busca trascender la comprobación de cuánto contenido puede reproducir un estudiante para preguntarse también qué puede hacer con aquello que sabe.
Una construcción colectiva
Para Guerra, uno de los aspectos fundamentales del proceso es la participación de la comunidad universitaria. La transformación curricular será trabajada con docentes, estudiantes, graduados y graduadas, equipos de gestión y distintos actores vinculados con los campos profesionales. “Este plan no puede escribirse en un escritorio”, afirmó la decana, quien destacó que la participación no será entendida como una consulta sobre una propuesta ya terminada, sino como una instancia concreta de debate y construcción colectiva.
Aunque el proceso involucra simultáneamente a Enfermería, Terapia Ocupacional y Trabajo Social, la Facultad no busca homogeneizar las tres carreras. Cada una cuenta con su propia historia, marcos disciplinares, regulaciones, prácticas profesionales y necesidades. El objetivo es construir criterios institucionales comunes, mientras cada carrera desarrolla su propia arquitectura curricular.
En este sentido, la propuesta se sostiene sobre distintos movimientos: pasar de un plan pensado desde las asignaturas a uno construido desde el perfil de egreso; de la suma de materias a una trayectoria integrada; de los contenidos como único organizador a la incorporación de problemas y escenarios contemporáneos; de la separación entre aula y territorio a una formación situada; de la tesis o práctica final como requisito a una experiencia de integración; y de una evaluación centrada principalmente en conocimientos a otra que también contemple las capacidades de los estudiantes.
El proceso parte, así, de una pregunta que atraviesa toda la propuesta: ¿Qué tiene que haber vivido, aprendido, pensado, producido y hecho un estudiante para que, al finalizar su carrera, pueda intervenir responsablemente en los escenarios profesionales de su tiempo?
“Primero tenemos que saber qué formación queremos construir. Después podremos decidir cuál es el plan de estudios capaz de hacerla posible. Y quizás ahí esté la diferencia más profunda entre reformar un plan y transformar una formación”, concluyó Guerra.

