Reducción de la jornada laboral: el giro en Brasil y el contraste con Argentina

La reducción de la jornada laboral es un debate instalado en muchos países del mundo, más aún en Argentina, donde rige una ley sancionada en 1929. Distintos países europeos y escandinavos se posicionan como referencias en la materia al sostener esquemas de menor carga horaria combinados con altos niveles de productividad.

Al mismo tiempo, el Senado de Brasil aprobó recientemente el fin de la escala “6 por 1”, una medida que agrega un día de descanso semanal y recorta de 44 a 40 las horas de trabajo semanales sin reducción salarial. En este marco, Portal Universidad dialogó con Ricardo Panza, economista y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), para analizar la viabilidad del debate en el plano nacional y conocer el ámbito internacional.

La realidad Argentina

En Argentina, el debate se desarrolla en un escenario diferente al de Brasil. Mientras en distintos países se plantea reducir las horas de trabajo a partir de los avances tecnológicos y las mejoras en la productividad, el país atraviesa un proceso de reforma laboral, en el que la reducción de la jornada todavía no ocupa un lugar central.

Al realizar un repaso histórico sobre las situaciones que atravesó el país, Panza afirmó: “Antes de la sanción en 1929 las jornadas eran muy extensas, se trabajaba incluso el sábado y el domingo. Ahora estamos en una jornada que no ha cambiado mucho, son 48 horas semanales, pero hemos mirado hacia un sistema modular. Pasa en el Estado, que se trabaja por módulos y se paga de manera proporcionada a las horas trabajadas”.

Movilizaciones obreras por el límite a la jornada de trabajo

Aunque en el Congreso se han presentado múltiples proyectos para modificar la normativa de 1929, las iniciativas no prosperaron, trabadas principalmente por las altas tasas de informalidad que existen en el país.

Respecto a la baja proporción de trabajadores registrados, Panza sostuvo: “Argentina legisla para menos de la mitad de la gente, la tasa de empleo formal está alrededor del 40%. El régimen social argentino se puso muy caro y hace que algunas empresas no puedan subsistir con semejante pago de leyes sociales. Se termina acudiendo a la subfacturación, hacerlo figurar por cuatro horas aunque trabaje ocho, o trabajar en negro”.

Trabajo informal en Argentina

Sobre las condiciones necesarias para evaluar una baja de horas, añadió: “Si en vez de tener la cantidad de empleados que tenemos en negro los tuviésemos a todos en blanco, ¿se podría bajar la jornada laboral? Sí, claro que se podría, y los aportes alcanzarían para todos. Pero con un 38% o 40% de costo de carga laboral frente a un 17,5% que hay en Estados Unidos, no hay forma”.

El economista terminó su análisis nacional sentenciando: “Si hoy vos me preguntás si el recurso laboral argentino banca una reducción horaria, me parece que todavía no estamos para eso”.

Las asimetrías sudamericanas

La medida sancionada en Brasil generó repercusión en la región debido a la gran escala de su economía. Al analizar su viabilidad, el economista argumentó: “No sé si va a ser sustentable sin aumentar el déficit fiscal. Vos hacés algo como eso y termina repercutiendo en los sistemas jubilatorios, de empleo público y las subvenciones.

Además, agregó: En primera instancia, ellos parten de un estándar laboral de salarios más bajos. En segunda instancia, Brasil tiene a su favor una brecha poblacional muy grande, tiene 220 millones de habitantes, nosotros tenemos 40. Cualquier cosa que hagas en Brasil tiene un mejor mercado”.

Población de Brasil

De la misma manera, comparó los ingresos medios entre ambos países: “El salario promedio aproximado en Argentina son 800 dólares, y bajo ningún concepto en Brasil el salario promedio supera los 600 o 650 dólares. Así que ellos cobran por debajo del estándar nuestro y también se acostumbran a un estándar de necesidades que es diferente al nuestro”.

Respecto a la motivación política de la reforma brasileña, advirtió: “Me parece que Lula hizo esta reforma porque se vio complicado para la elección y quiso imponer alguna medida que permitiera ganarse los votos de la parte de los trabajadores. No estoy seguro de que la productividad tecnológica de la economía brasileña sea suficiente para bancar la reducción de la jornada horaria”.

Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil

Al plantear las dificultades para avanzar hacia una integración laboral en Sudamérica, el docente concluyó: “¿Cómo es que no tenemos ya un mercado laboral en común? No tenemos un mercado laboral en común porque justamente las diferencias son altas: nuestro trabajo es caro y en Brasil es barato, nuestra carga social es cara y en Brasil o en Uruguay es más barata”.

El contexto mundial

Más allá de las disparidades existentes entre el mundo de trabajo brasileño y argentino, en el resto del mundo conviven esquemas dispares en torno al tiempo de trabajo. Al explicar las diferentes vertientes internacionales, Panza señaló: “Cuando mirás otros países tenés distintas vertientes. Una es la americana, en la cual se trabaja más que en Europa. Tenés la europea que trata de transmitir un Estado de bienestar a los trabajadores y en el otro extremo tenés las culturas de Extremo Oriente que tienen jornadas de trabajo terribles. Se sacrifican mucho”.

Tal como explicó el economista, las jornadas más breves suelen concentrarse en Europa occidental, donde se permiten esquemas de mayor descanso. Por el contrario, las jornadas más extensas se dan en países asiáticos, donde se compensa la productividad con un fuerte sacrificio físico y más horas laborales.

Trabajo en Asia

En esa misma línea, trazó una comparación entre regiones: “En España e Italia trabajan bastante menos que en Francia y Alemania. Aun así, Alemania no se acerca al estándar americano, pese a ser el país que más tiempo trabaja. Y si mirás el estándar italiano, Tailandia trabaja el doble. Son modelos tecnológicos y productivos distintos”.

Al contrastar la distribución económica entre el caso estadounidense y el local, Panza remarcó: “Pensar la contribución que el trabajo hace a la economía es fundamental. En Estados Unidos la contribución del trabajo al Producto Bruto es de un 66%, casi dos tercios del producto, y en Argentina estamos en un 42%. Es loco el paradigma porque en el paraíso del capitalismo, el trabajo toma más porcentaje del producto que el capital”.

Javier Milei y Donald Trump, presidentes de Argentina y Estados Unidos

El escenario futuro para el empleo en Argentina plantea dudas, en un contexto donde las tensiones políticas complejizan la actualización de un esquema laboral con casi un siglo de vigencia. Frente al desafío de mejorar las condiciones de trabajo, Panza propuso evaluar esquemas combinados: “Si pensás en términos de confort para el trabajador, lo ideal sería disponer de un mix en el cual haya una cierta cuota de trabajo presencial y la posibilidad de hacer home office o trabajar en un espacio colaborativo. Hay tipos de trabajo, como el fabril, donde no hay forma y tenés que ir al lugar, pero hay tareas donde se puede mezclar”.

Finalmente, al proyectar la posibilidad de una modificación de la carga laboral para los próximos años, Panza concluyó: “El mercado laboral argentino va a ir receptando las tensiones naturales hacia una modernización laboral, así que tarde o temprano vamos a tener una carga laboral distinta, eso va a llegar porque es una tendencia mundial”.

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