Irene Meler: “La perspectiva de género no es una consigna, es un par de anteojos para ver lo inadvertido”

La Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) llevó a cabo una nueva jornada de capacitación en el marco de la Ley Micaela en el aula magna de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FCEyS), focalizada en la articulación entre género, salud mental y violencia. El encuentro formó parte de la agenda permanente de formación obligatoria para la comunidad universitaria y contó con la disertación central de la psicoanalista Dra. Irene Meler, junto a las exposiciones institucionales de apertura.

En el inicio de la actividad, Mónica Biasone, rectora de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), repasó la trayectoria de la institución en la materia y remarcó: “Somos pioneros entre las instituciones públicas porque hace años venimos trabajando con la Ley Micaela y haciendo capacitaciones. Las decisiones que tomamos desde las instituciones impactan en la vida de estudiantes, docentes y graduados, y si lo hacemos con una mirada de perspectiva de género, mejoramos las desigualdades que impactan en nuestras vidas, en nuestros cuerpos y en nuestras opiniones”.

Lara Arce Ower, coordinadora del Programa Integral de Políticas de Género de la UNMDP, abordó la necesidad de interpelar el ejercicio diario de la gestión y sostuvo: “Esta capacitación busca pensar qué universidad queremos construir una vez que conocemos y conversamos sobre las cuestiones estructurales que fueron determinantes históricamente en los lugares de poder. La pregunta por la voz habilitada la tenemos que hacer transversal en las currículas, en las investigaciones y en los modos de construir vínculos al interior de cada una de las oficinas que habitamos diariamente”.

Tras la presentación, Portal Universidad conversó con Irene Meler, doctora en Psicología, coautora de obras de referencia como “Recomenzar. Amor y poder después del divorcio” y “Géneros y deseos en el siglo XXI”, y referente ineludible en el cruce entre psicoanálisis y teoría de género— para profundizar en los padecimientos psíquicos, las brechas generacionales y los desafíos de equidad en la educación superior.

La violencia como desenlace y los “anteojos” de género en el aula 

El abordaje de las violencias en los entornos institucionales suele enfocarse en los episodios de crisis o sanción punitiva. Sin embargo, Meler propuso desarmar esa percepción inmediata para interpretar la agresión como el eslabón final de una cadena de desigualdades no visibilizadas. Al analizar la génesis de estos conflictos, la especialista argumentó: “Me parece que la violencia es el resultado final de procesos de desigualdad, de jerarquía entre las personas. Los varones aumentan la presión de sentirse exigidos, pero las mujeres se sienten —y lo son— subalternizadas y subvaloradas. Y eso puede abrir la puerta eventualmente a la violencia, pero por eso la violencia para mí es un punto de llegada, no un punto de partida“.

Frente al peligro de que el enfoque de género se diluya en trámites burocráticos o discursos enlatados, la investigadora advirtió: “Esta perspectiva lamentablemente ha corrido siempre el riesgo de la estereotipia y la banalización. Más que una consigna formal, la perspectiva de género debería ser un par de anteojos: una manera de ver las cosas, de entender, de percibir situaciones que si uno no está avisado cursan inadvertidas. Es una observación fina de la forma en que la asimetría de poder está encarnada y naturalizada en las prácticas cotidianas”.

Al trasladar este concepto a la dinámica concreta de los trabajos grupales y las clases, la docente ejemplificó: “Está en percibir cuando en un grupo o en una clase, por ejemplo, los varones hablan mucho y, a veces dicen cualquier cosa, y chicas que el docente conoce como muy buenas estudiantes no se atreven a preguntar o a hablar en público, permanecen calladas. O cuando alguien en un grupo de trabajo intenta hablar pero la interrumpen, la tapan o no logran completar una frase”.

Malestar en los vínculos: soledad juvenil y repliegue afectivo 

La dimensión psíquica de las relaciones interpersonales también formó parte del intercambio, poniendo el foco en cómo la falta de paridad en los vínculos privados deriva en síntomas de sufrimiento psíquico e inhibición académica o profesional.

Respecto a la salud mental en las relaciones contemporáneas, la psicoanalista explicó: “Cuando la relación no es paritaria, no es democrática —para usar un calificativo que es político pero que atañe a las relaciones privadas e intersubjetivas—, eso genera malestar, genera sufrimiento y el sufrimiento muchas veces propicia inhibiciones, temores o depresiones”.

A su vez, al comparar las problemáticas que atraviesan los distintos grupos etarios dentro de las aulas, Meler puntualizó: “La brecha generacional es mucho más grande en este momento por la velocidad de los avances tecnológicos y los cambios culturales muy acelerados. Mientras las mujeres de las generaciones mayores pueden seguir luchando contra la subalternización o la desvalorización, las mujeres de las generaciones más jóvenes luchan contra la soledad, el aislamiento, la enorme dificultad para formar pareja y el repliegue de los varones ante el compromiso emocional”.

La pirámide académica: barreras invisibles en los puestos de gestión 

Al trasladar el diagnóstico al plano de la estructura universitaria y la ocupación de los cargos directivos, la especialista analizó la persistencia de barreras invisibles en los trayectos de las investigadoras y docentes, y señaló: “Las mujeres poblamos, como en todas las actividades del mundo, la base de las pirámides, pero no llegamos a los estamentos más altos. Habría que ver cuántas titulares de cátedra hay en relación a los varones, cuántas mujeres hay en la gestión y qué acceso al poder efectivo tienen”.

En esa misma línea, al ser consultada sobre los plazos culturales necesarios para revertir estas brechas estructurales, Meler concluyó: “Partimos de la base de una situación de inequidad ancestral y no por decretar ‘bueno, ahora somos todos iguales’ va a cambiar de un momento para el otro. Si hubo siglos donde las mujeres no podíamos entrar a las universidades —entramos 10 siglos después que los varones—, ¿Cómo en menos de 100 años se va a superar completamente eso? Es imposible. En un país con más recursos hay más posibilidades de control sobre estas diferencias; en un país empobrecido y con repliegue del Estado hay menos. No creo que haya que crucificar a los funcionarios, hay que ver también los recursos que tienen los equipos de gestión”.

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