“Estamos ante una revolución cognitiva”: cómo la IA está cambiando el futuro del empleo
Hoy en día un diseñador gráfico puede preparar una presentación en una fracción del tiempo que necesitaba hace apenas unos años, un abogado puede resumir cientos de páginas en cuestión de segundos y un programador puede obtener el primer borrador de una aplicación antes de escribir una sola línea de código. Ninguno perdió su empleo, pero todos trabajan de una manera distinta. La escena se repite, con distintos matices, en oficinas, universidades y empresas de todo el mundo, donde la inteligencia artificial dejó de ser una promesa tecnológica para convertirse en una herramienta de uso cotidiano.
Lo llamativo es que este quizás no era el futuro que el mundo imaginaba. Durante décadas se dio por hecho que la automatización avanzaría primero sobre las tareas físicas, es decir, el reemplazo de los operarios, los choferes o los trabajadores de una línea de montaje, después, mucho más adelante, los empleos ligados al conocimiento. Sin embargo, antes de que existieran robots capaces de doblar ropa, limpiar una mesa o moverse con tranquilidad en una casa, aparecieron sistemas que escriben, traducen, programan, analizan datos y generan imágenes en segundos. La inteligencia artificial no empezó reemplazando fuerza física, empezó compitiendo con capacidades que creíamos exclusivamente humanas.
Ni siquiera la ciencia ficción anticipó ese giro, cuando Volver al Futuro II imaginó el 2015, llenó las calles de autos voladores, zapatillas que se ajustaban solas y videollamadas. Acertó en buena parte de la tecnología que hoy forma parte de nuestra vida cotidiana, pero siguió pensando el trabajo con la lógica de su época: oficinas, faxes, trámites y burocracia. Con ese escenario como punto de partida, la pregunta ya no es si la inteligencia artificial transformará el empleo, sino cómo lo hará. ¿Qué profesiones cambiarán primero? ¿Qué habilidades seguirán siendo difíciles de automatizar? ¿Estamos frente a una ola de reemplazos o a una redefinición del trabajo? Para responder esas preguntas, desde Portal Universidad dialogamos con Damián Bes, abogado especializado en derecho laboral e inteligencia artificial, Alejandro Piscitelli, filósofo y referente en educación digital y Federico Álvarez Larrondo, abogado especializado en tecnología y regulación de IA.
El eslabón más vulnerable: Los trabajos cognitivos de base
Aunque el debate suele centrarse en la posibilidad de que la inteligencia artificial elimine puestos de trabajo, los especialistas coinciden en que el cambio ya comenzó, aunque de una manera menos visible, modificando las tareas que realizan las personas dentro de las organizaciones. Para comprender el alcance de este fenómeno, el primer gran interrogante radicó en el eslabón más vulnerable de la cadena productiva actual. Federico Álvarez Larrondo, abogado especializado en tecnología y regulación de IA, advirtió que uno de los campos más sensibles es precisamente el impacto de la tecnología en los trabajos cognitivos.
Según explicó, la IA está demostrando que puede resolver las tareas de ingreso a las empresas, afectando directamente a quienes recién empiezan a dar sus primeros pasos en el mundo laboral. “Pongámoslo con ejemplos de quienes están haciendo código y recién salen de la universidad. Hoy, por ejemplo, Anthropic codea muy bien. De hecho, los propios integrantes de esa empresa, que es la que desarrolla Claude, dicen que el 90% del código hoy lo hace directamente la IA, ya no ellos. En estructuras como un estudio jurídico de Estados Unidos, lo que se está viendo es que las tareas de un abogado junior, como buscar jurisprudencia, organizarla y analizarla, las está haciendo mejor un modelo de inteligencia artificial”, detalló tomando como ejemplo a Anthropic, la firma que desarrolla el modelo Claude, una familia de modelos de lenguaje natural altamente avanzados que compiten directamente con ChatGPT y Gemini.
Según el especialista, la denominada “Generación Z” es la primera en sufrir las consecuencias. Esto es porque esa generación, que comprende a todas las personas nacidas entre los años 1997 y 2012, ingresa a un mercado laboral en el que la inteligencia artificial ya está reemplazando parte de las tareas que históricamente realizaban los perfiles junior. En contrapartida, Álvarez Larrondo señaló que en la actualidad se revaloriza el rol senior porque estos profesionales pasan a coordinar equipos de agentes de IA. De cara al futuro, anticipó que “en el mediano plazo, quienes no tengan conocimientos y uso de IA se van a ver limitados con relación a los que sí lo tengan”.
Saber usar el algoritmo: ¿salvavidas real o ilusión de supervivencia?
Por otro lado, la idea de que la capacitación es un salvavidas universal para no perder el empleo fue calificada como “utópica” por Damián Bes, abogado especializado en derecho laboral e inteligencia artificial. “Hay una frase que dicen mucho los especialistas en inteligencia artificial: ‘la IA no reemplazará a las personas, sino que las personas que sepan usar la IA van a reemplazar a quienes no la usen’. En algunos aspectos se puede llegar a cumplir, pero en otras áreas es utópico pensar eso. ¿Cómo le explicás, por ejemplo, a un cajero de supermercado que por saber manejar inteligencia artificial su actividad no se va a ver reemplazada? ¿Cómo le explicás a un cajero de banco que por saber inteligencia artificial va a poder seguir haciendo esa actividad?”, cuestionó Bes.
Para el abogado laboralista, esta lógica de adaptarse para sobrevivir ( es decir, usar la tecnología como una herramienta diaria para ser más eficiente) solo funciona en profesiones donde la persona sigue siendo indispensable, como la medicina o la abogacía. En cambio, en rubros operativos como el cobro, la atención básica o la logística, la IA y la robótica tendrán un papel más importante.
Este diagnóstico coincide con los pronósticos más recientes de los principales referentes del sector tecnológico. En su última entrevista con The Economist, Elon Musk advirtió que la velocidad de la IA no dejará margen para la reconversión gradual en muchos sectores, “la inteligencia artificial podrá hacer cualquier trabajo mejor que cualquier persona, y eso ocurrirá muy rápidamente” afirmó. Según el fundador de Tesla y xAI, el impacto no se limitará al trabajo de oficina, la llegada masiva de robots humanoides integrados con modelos de lenguaje transformará también las tareas físicas y operativas, marcando un quiebre donde la capacitación tradicional ya no garantizará la continuidad laboral.
A este panorama se suman los informes de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que estiman que la inteligencia artificial afectará a casi el 40% de los empleos a nivel mundial, alcanzando hasta un 60% en las economías avanzadas debido a la alta concentración de empleos cognitivos. La gran incógnita que plantean los economistas no es solo cuántos puestos se perderán, sino la capacidad real de los mercados para absorber y reubicar a esos trabajadores a la misma velocidad con la que se despliegan los algoritmos.
Frente a un avance exponencial que ya incluye hitos como la comercialización masiva de robots de compañía y asistencia en Asia, Bes concluyó que el verdadero desafío será encontrar el freno ético en la propia voluntad humana, “yo espero que el límite tenga que ver con el criterio, con el sentido propio humano y con la voluntad que tenemos las personas de ir siempre un pasito más allá, de no encontrar esa suerte de atadura que los softwares traen por su origen. Ahí espero que haya un freno, porque en líneas generales no le veo techo a la tecnología” declaró.
El refugio de lo humano y el pensamiento contrafáctico
Hace muchos años atrás, se creía que las ciencias blandas , como la antropología, la sociología e incluso la madre de todas las ciencias, la filosofía, quedarían obsoletas en un mundo dominado por la tecnología. Sin embargo, el avance de la IA dio vuelta esa idea por completo, hoy no alcanza con saber programar, hay que saber pensar. Las grandes empresas están contratando filósofos para enseñarle a las máquinas a razonar con lógica, no inventar información y entender la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. En un mercado laboral en plena transformación, el pensamiento crítico y las preguntas profundas de las humanidades se convirtieron, paradójicamente, en el salvavidas que la tecnología necesita para no salirse de control.
Ante la perspectiva de un desplazamiento, la discusión se trasladó hacia aquellas facultades intrínsecamente humanas que las máquinas no pueden replicar. Alejandro Piscitelli, filósofo y referente en educación digital, introdujo matices sobre el futuro del empleo al señalar que existen opiniones totalmente encontradas en la materia. “Sobre qué va a pasar con el trabajo, hay opiniones totalmente encontradas, algunos que te dicen que va a desaparecer todo el trabajo, de hecho Elon Musk está soñando con que va a dar un ingreso básico universal porque no va a haber más trabajo, otros te dicen que en realidad los trabajos que están desapareciendo son los trabajos más baratos, los trabajos que son más automatizables. Acá hay muchas opiniones y no sé cuántas cosas se van a cumplir”, reflexionó.
Para el filósofo, el núcleo de la discusión está en rescatar las virtudes humanas en la era digital, como la empatía, la solidaridad y el contacto físico, pero destacó una capacidad mental específica como el verdadero factor diferencial de nuestra especie, “lo más importante de todo para mí es el pensamiento contrafáctico, que es la idea esta de hacerte la pregunta, ¿qué podría pasar sí o qué hubiese pasado sí? Las inteligencias artificiales todas miran para el pasado, miran para atrás. Y nosotros tratamos de mirar para adelante”.
Para Piscitelli el pensamiento contrafáctico, es decir, la capacidad de preguntarse “¿qué habría pasado si…?” o imaginar escenarios que todavía no existen, constituye una de las diferencias más importantes entre las personas y la inteligencia artificial. Mientras los modelos de IA construyen respuestas a partir de patrones extraídos de enormes volúmenes de datos, el razonamiento humano puede romper con esos antecedentes, cuestionarlos e imaginar futuros alternativos, una capacidad que, según el filósofo, resulta esencial para la creatividad, la innovación y la toma de decisiones. En ese sentido, propuso la necesidad de “desanclar la imaginación y liberarla” para pensar más allá de los modelos de lenguaje vigentes y del propio sistema capitalista, planteando transiciones que recuperen la potencia de la tecnología para aumentar la inteligencia humana y los afectos, en lugar de automatizarlos.
El desafío de las aulas frente a lo impredecible
Frente a un panorama que desdibuja las certezas del mercado laboral, el debate inevitablemente se trasladó hacia el rol de las instituciones educativas. Si todavía resulta imposible saber con precisión cuáles serán los trabajos del futuro, la pregunta pasa a ser cómo formar a los profesionales que deberán desenvolverse en ese escenario.
Para Federico Álvarez Larrondo, la respuesta exige pensar mucho más allá de incorporar nuevas herramientas al aula. Al recordar las proyecciones de algunos de los principales referentes de la industria tecnológica, advirtió que el desafío podría implicar incluso replantear el sentido de la educación. “Elon Musk en el Foro de Davos de enero de este año, dijo que para el año 2030 trabajar va a ser un hobby. (…) Y el más lapidario fue Dario Amodei, el CEO de Anthropic, en ese mismo Foro de Davos dijo que estábamos a las puertas de una crisis que los Estados no estaban viendo y que podía desarrollarse dentro de muy poco tiempo”, remarcó.
El especialista agregó que Demis Hassabis, CEO de DeepMind (sistema de IA de Google), llegó a plantear que una de las profesiones más valoradas de la próxima década será la filosofía, por la necesidad de repensar el lugar de las personas en una sociedad cada vez más atravesada por la inteligencia artificial. “El tema es si no habrá que empezar a pensar en cambiar la estructura educativa, si lo tenemos que pensar para otro mundo, un mundo en el que la verdad no tenga sentido preparar gente para la actividad productiva”, reflexionó.
Mientras esas proyecciones se discuten en los grandes foros internacionales, en las aulas el desafío ya empezó. Damián Bes explicó que la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata decidió incorporar contenidos vinculados con la inteligencia artificial tanto en las carreras de grado como en las de posgrado. Al ser consultado sobre qué le respondería a un estudiante que todavía duda de la importancia de estas herramientas, declaró que a ese alumno “le va a tocar litigar en un mundo donde los problemas jurídicos pasen en entornos virtuales, porque le va a tocar litigar en un mundo donde un auto autotripulado accidente a una persona y entonces haya que preguntarse a quién demandamos, porque le va a tocar intervenir en un juicio por mala praxis donde un robot hizo una operación mal. Básicamente, el mundo en el que le va a tocar ejercer va a estar mediado por la tecnología”. Para el docente, esta carrera recién comienza y la formación será indispensable para “poder ponernos a tiro con todos los usos de las nuevas tecnologías”.
Alejandro Piscitelli sostuvo que el verdadero desafío de las universidades no pasa por incorporar inteligencia artificial sin cuestionamientos, sino por fortalecer el pensamiento crítico frente al discurso de las grandes empresas tecnológicas. “Los que venden inteligencia artificial te la venden como un aceite curalotodo, que con esto vas a resolver todos los problemas y que ellos mismos generaron. (…) Lo que necesitamos hacer es desanclar la imaginación, liberarla”, advirtió. En ese sentido, celebró que facultades como Derecho y Humanidades ya estén discutiendo alternativas como desarrollar un ChatGPT propio de la universidad, “para anonimizar los datos y no regalarle la información a los servidores externos”.
¿Estamos ante una nueva Revolución Industrial?
Cuando se analizaba el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral, resultaba inevitable trazar paralelismos con las revoluciones industriales del pasado. Aquellos procesos que transformaron el trabajo agrícola en industrial generaron intensas oleadas de temor al desempleo masivo, pero la historia terminó demostrando que la destrucción de viejos oficios abría paso a la creación de mercados completamente nuevos. Sin embargo, los especialistas advirtieron que equiparar ese escenario con los cambios de los siglos XVIII o XIX podía ser un error de diagnóstico ya que la diferencia no radica solo en la naturaleza del cambio, sino en su velocidad sin precedentes.
Mientras que las revoluciones anteriores se desplegaron a lo largo de generaciones dando margen de adaptación, la IA se propagó a una escala global e instantánea. Federico Álvarez Larrondo analizó este quiebre en la historia de la técnica y señaló la diferencia sustancial en la matriz productiva, “hasta ahora, la automatización, incluso la robótica desde la década de 1970, buscaba reemplazar el músculo y la fuerza humana. El tema es que, por primera vez, estamos ante una revolución cognitiva, porque lo que se empieza a sustituir es la capacidad de razonar”.
A pesar de la contundencia de aquel desplazamiento, el especialista resaltó que la historia volvía a plantear una reconfiguración a mediano y largo plazo, donde emergieron profesiones que en ese momento ni siquiera se podían imaginar, “si hace diez años le decía a mi abuela que alguien se ganaría la vida reaccionando a videos en YouTube, no lo habría entendido ni imaginado. Hoy hay gente que vive muy bien de las reproducciones en plataformas”, ejemplificó.
Bajo la lógica de la “revolución cognitiva”, los empleos del futuro ya no se vinculan a la fuerza física, sino a la interacción, gestión y supervisión de los propios sistemas inteligentes. El mercado global ya demanda perfiles que parecían de ciencia ficción poco tiempo atrás, desde prompt engineers (dedicados a redactar instrucciones precisas para optimizar los modelos de lenguaje) hasta auditores de sesgos algorítmicos y directores de riesgo tecnológico. Mientras la automatización avanza sobre los servicios básicos y la atención al cliente, las profesiones intelectuales se ven obligadas a reinventarse a un ritmo acelerado para no quedar obsoletas frente a un software que no solo procesa datos, sino que busca simular el pensamiento humano.








