Durante décadas se dio por hecho que la automatización avanzaría primero sobre las tareas físicas, es decir, el reemplazo de los operarios, los choferes o los trabajadores de una línea de montaje, después, mucho más adelante, los empleos ligados al conocimiento. Sin embargo, antes de que existieran robots capaces de doblar ropa, limpiar una mesa o moverse con tranquilidad en una casa, aparecieron sistemas que escriben, traducen, programan, analizan datos y generan imágenes en segundos. La inteligencia artificial no empezó reemplazando fuerza física, empezó compitiendo con capacidades que creíamos exclusivamente humanas.