Trabajo sexual virtual: la realidad detrás de los relatos de éxitos
La expansión de plataformas como OnlyFans, Fansly, Telegram o Chaturbate impulsó nuevas formas de trabajo vinculadas a la producción y comercialización de contenido erótico-sexual. En un contexto marcado por el pluriempleo, la búsqueda de ingresos complementarios y el crecimiento del trabajo mediado por plataformas digitales, cada vez más personas recurren a estas herramientas como una alternativa laboral.
En ese sentido, un informe impulsado por la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) y elaborado junto con las investigadoras del CONICET Déborah Daich y Estefanía Martynowskyj pone en discusión una de las imágenes más difundidas sobre el trabajo sexual virtual: la idea de que representan una vía rápida hacia el dinero fácil. El estudio, que fue presentado en la Cámara de Diputados, revela una realidad atravesada por ingresos variables, extensas jornadas laborales, violencia digital y situaciones de discriminación. También aporta uno de los relevamientos más completos sobre las experiencias y condiciones laborales de quienes realizan trabajo sexual virtual en Argentina.
Portal Universidad dialogó con Estefanía Martynowskyj, Licenciada en Sociología de la Universidad Nacional de Mar Del Plata (UNMDP), Doctora en Ciencias Sociales y Humanas e integrante del equipo que elaboró el relevamiento. La investigadora, que hace más de 10 años realiza investigaciones sobre el mercado sexual, analizó los principales hallazgos del estudio y reflexionó sobre las transformaciones del trabajo en la era de las plataformas digitales.
Un sector invisibilizado en las plataformas
La pandemia de COVID-19 aceleró drásticamente la adopción de plataformas digitales en Argentina y transformó estructuralmente el mercado laboral. “Este trabajo, como otros en distintas aplicaciones, surgen en un contexto de crisis económica muy aguda en nuestro país, y de crisis laboral. Luego de la pandemia, hay un boom de las plataformas y hubo un cambio en la forma de vincularnos con lo digital. Entonces, empiezan a hacer este trabajo para complementar ingresos”.
Además, indicó: “No es una encuesta que tiene pretensiones de representatividad, porque además eso es imposible, ya que no sabemos cuál es el universo de personas que trabajan a través de plataformas para la creación y venta de contenido erótico-sexual. No se puede saber. Los datos que mostramos en el informe hacen alusión a esta muestra, en donde la mitad de las personas está pluriempleada”.
Informe Exploratorio Trabajo Sexual y Plataformas Digitales by Técnicos Periodismo
Asimismo, Martynowskyj analizó que “el 93% de las personas tienen una trayectoria laboral previa súper heterogénea. La mayoría de las personas que respondieron a la encuesta ya habían trabajado antes de empezar a hacer contenido. Y cuando empiezan, la mitad persiste y sostiene otros empleos. Es interesante que el 66% nos dijo que es su principal fuente de ingresos. Es relevante porque una de las inquietudes que nos llevan a querer hacer este informe, es cómo se invisibiliza el trabajo sexual en plataformas cuando se discute sobre trabajos mediados por aplicaciones”.
Con respecto a la visibilización de este rubro junto a los demás empleos de aplicación, la investigadora puntualizó: “En general, en el debate público se habla de repartidores y conductores. Sin embargo, hay un montón de mujeres generando ingresos para sobrevivir y tratar de mejorar su situación económica a través del trabajo sexual de manera virtual”.
Entre romantización y estigmas
En cuanto al mito de dinero fácil a través de esta plataforma, el informe expone que el 16,3% de las personas encuestadas gana entre 0 y 100 dólares mensuales. Complementariamente, el 20,6% gana alrededor de 500 dólares por mes y el 17,9% hasta 1.000 dólares.
En ese marco, Martynowskyj manifestó: “En este caso pasa algo medio particular, porque convive una especie de romantización del trabajo en OnlyFans. Sobre todo en algunos medios y en las redes sociales que reproducen historias de éxitos: ´Dejé mi trabajo, me puse OnlyFans y me hice millonaria´. Todo eso está lejísimo de la realidad de la mayoría de las personas”.
Del mismo modo, El 90,5% de las personas encuestadas considera que el trabajo sexual mediado por plataformas digitales está estigmatizado. “No es que no exista, pero está lejos. Por otro lado, con esa romantización persiste un estigma enorme sobre lo que significa hacer este tipo de trabajo. De hecho, cuando presentamos el informe se llenó de comentarios descalificativos. Aparecen una serie de denigraciones que están arraigadas profundamente en nuestra cultura y no reconocer el trabajo sexual como un trabajo”.
Solo el 30,9% manifestó haber hecho pública su actividad y el 84% afirmó que su entorno conoce la actividad. “Es cierto que muchas mujeres se animan a hacerlo, pero también es verdad que la mayoría lo ocultan en círculos sociales más amplios y se lo cuentan solo a personas de su intimidad. Asimismo, hay casos de, por ejemplo, maestras que hacen este trabajo porque el sueldo no da para vivir. También llegaron casos de mujeres que fueron descubiertas y las intiman a dejar de hacerlo. Es complejo”.
Violencia Digital y cambios en las políticas públicas
Según el informe, el 65,5% de las personas encuestadas recibió imágenes sexuales o violentas sin consentimiento, el 43,7% sufrió insultos, el 36,1% padeció filtraciones de contenido y el 35,7% fue víctima de acoso. En ese sentido, la investigadora explicó: “La violencia digital aparece como uno de los principales riesgos del trabajo sexual virtual. Se manifiesta a través de insultos, amenazas, acoso, filtración y robo de contenido, chantajes y distintas situaciones que tienen un impacto muy fuerte en la salud mental de quienes realizan esta actividad. También registramos casos de exposición a imágenes violentas o perturbadoras sin consentimiento, especialmente entre quienes trabajan en plataformas de modelaje webcam”.
A esto se suman problemas como reembolsos fraudulentos, dificultades para cobrar servicios, cierre de cuentas y situaciones de discriminación. “Cerca de la mitad de las personas encuestadas afirmó haber sufrido algún tipo de discriminación vinculada a su trabajo. Además, el estigma muchas veces dificulta las denuncias de acoso o violencia, porque implica exponer públicamente la actividad que realizan. Por último, identificamos como una señal de alerta una incipiente tendencia a la criminalización de estas prácticas, una discusión que creemos necesario abordar desde las políticas públicas”.
El informe muestra que existe un universo laboral concreto dentro de la economía de plataformas que suele quedar fuera de las regulaciones y debates públicos. Cerca de la mitad de las personas encuestadas se reconocen como trabajadoras sexuales (47,6%), mientras que otras se identifican como creadoras de contenido (37,5%), modelos webcam (15,5%) o modelos (5%).
En ese aspecto, la socióloga manifestó que “lo primero que habría que modificar es la Ley de Trata para que pueda existir consentimiento de las personas a trabajar en el mercado sexual. Por otro lado, sería ideal que, cuando se piensa en legislaciones sobre trabajo en plataformas, también se incluya al trabajo sexual virtual y esté en el radar”.
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De igual forma, añadió: “Hay herramientas y ya existen leyes sobre violencia digital. Entonces, es una cuestión de sensibilidad política y social incluir dentro de esas normativas las situaciones de violencia y acoso que ocurren en el marco de esta actividad. Pero también, cuando se empieza a pensar en regulaciones sobre las plataformas digitales, es importante que esta actividad también esté contemplada”.
Habilidades y dedicación para el trabajo
El informe reveló que el trabajo sexual virtual es caracterizado como emocionalmente exigente (61,5%) y demandante (58,3%). “Esa romantización le quita mérito al trabajo, a las habilidades que se requiere y que te vaya bien. Esa idea de que es un trabajo fácil: ´me saco dos fotos, las subo a internet y gano plata´, es totalmente falsa. Siempre se piensa en OnlyFans, pero hay un entorno digital súper amplio donde aparecen 60 espacios de realización de trabajo sexual virtual. Desde plataformas que se pagan para ver contenidos hasta aplicaciones de mensajería y comunicación que se usa mucho para este empleo”.
Además, según el trabajo realizado, el 43% continuaba estudiando al momento de la encuesta. “Es importante destacar que, por lo menos en nuestra muestra, las mujeres tienen altos niveles educativos, todas terminaron la secundaria y la mayoría estudia en universidad o terciarios. Eso no les garantizó acceder a empleos que les permitan vivir bien”.
De acuerdo con Martynowskyj, “hacer trabajo sexual requiere saber inglés, entender y usar las redes sociales y plataformas digitales que no todas son simples, tener conocimiento mínimo de marketing para poder publicitarte, saber como tratar una relación de intimidad y dominar algo de modelaje o cómo construir una imagen sensual de vos misma, entre muchas habilidades para que te vaya bien. Eso también requiere mucho tiempo”.
Por qué eligen esta actividad
Con respecto a la idea de que el empleo en plataformas es meramente por dinero, la socióloga comentó que “no es del todo cierto la idea de que es un trabajo por necesidad económica. Si bien muchas contestaron que el motivo del ingreso tenía que ver con este rendimiento, también contestaron que le gusta trabajar con su cuerpo y su imagen. Este tipo de trabajo le da posibilidad de combinar con otros, porque pueden manejar sus tiempos”.
En ese sentido, detalló: “Cerca del 90% considera que es una actividad flexible; el 60% dice que es redituable; el 55%, que es divertida; y el 40%, que es empoderante o estimulante. Un 30% la define como sociable y un 28% como enriquecedora. Entonces ahí aparecen un montón de cuestiones positivas que ayudan a explicar por qué muchas personas eligen este trabajo”.
En cuanto a los desafíos y aspectos negativos, dijo que “es una actividad emocionalmente exigente, demandante e impredecible en términos de ingresos, es complicada. Y cuando preguntamos por las expectativas a futuro, las respuestas se dividieron en tercios”.
En la misma línea, la investigadora explicó: “Hay un tercio que dijo que ‘este trabajo es un trampolín económico para alcanzar metas a largo plazo’, como lograr estabilidad económica, ahorrar, invertir, ayudar a la familia. Otro tercio dijo: ‘Yo hago esta actividad para poder consolidarme en mi profesión o en otro emprendimiento personal’; entonces, cuando logre eso, la voy a dejar o a sostener como un ingreso complementario. Y es interesante que quienes dicen que la mantendrían como ingreso complementario explican que no solamente es porque reditúa, sino también porque les gusta hacerlo, porque les parece divertido y las enriquece”.
Y finalizó con que “el otro tercio dice querer profesionalizarse y expandirse dentro de esta actividad. Es decir, no se quiere ir del rubro, sino quedarse, profesionalizarse y crecer. Entonces, me parece que, además de la precarización laboral y de las dificultades que presenta hoy el mercado de trabajo para sostener la vida de las personas, también hay cambios en las expectativas, en las formas de trabajar y en los gustos”.
Redes de apoyo y representación
Muchas veces se elige trabajar desde la casa, de manera autónoma y poder desarrollar habilidades. “Eso se complementa con otra cuestión, que la manera en que valoran esta actividad no es tan maniquea. No hay personas que digan que es completamente buena ni otras que digan que es completamente mala. En general, ponderan aspectos positivos y negativos, y tienen una visión bastante compleja de lo que implica realizar esta actividad y de sus condiciones de trabajo”.
No obstante, la profesional reconoció: “Algo que sí nos sorprendió fue que el 88% de las personas encuestadas señaló que le parecería importante contar con representación como trabajadoras, ya sea a través de un sindicato o de otra organización colectiva. Ahí aparece una conciencia sobre la necesidad de garantizar ciertos derechos laborales, de contar con protección frente a situaciones de violencia o problemas vinculados a la actividad, y también de combatir el estigma”.
Asimismo, concluyó: “Eso nos llamó la atención porque suele existir la idea de que quienes trabajan en plataformas están aislados. Sin embargo, encontramos redes de contención, vínculos entre pares y una necesidad de organización colectiva”.




