El Enduro arruinó otra playa

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Por Federico Isla

Para una carrera que tuvo lugar el 30 de agosto de 2026 se hicieron modificaciones morfológicas en 3 kilómetros de la playa del centro de Pinamar. Los trabajos contrariaron normas nacionales, provinciales y hasta ordenanzas del propio municipio. La excusa fue un supuesto beneficio económico de los comerciantes del municipio urbano, aunque seguramente hubo otros intereses no declarados.

La Federation Internationale de Mocyclisme (FIM) difunde protocolos ambientales que no se cumplieron ni en La Perla ni en Pinamar. Las carreras de Malle Beach (Inglaterra) y Touquet (Francia) están respaldadas por informes ambientales detallados. En Argentina nunca hubo un informe ambiental que contemple los movimientos de arena, los impactos en la fauna, o la contaminación sonora. Apenas hubo informes de un mismo ingeniero que se basaron en la información proporcionada por las empresas conformadas para cada evento. Los políticos aseguran que las playas son reacondicionadas a sus volúmenes originales pero no existe ninguna medición de las características previas o posteriores (ancho y altura de bermas, restauración de enquinchados, inventario de moluscos que viven en la arena).

Pinamar tuvo una tradición de habitantes comprometidos con los médanos, el bosque y la playa, que fueron aprobando normas afines a ese compromiso. Lamentablemente, sus representantes ya no comulgan con aquella comunidad comprometida con el ambiente. La Provincia –a través del Ministerio de Ambiente o la Fiscalía de Estado-, no protege las playas de dominio público: de todos los argentinos.

Los mayores impactos fueron realizados unos 10 días antes de la carrera cuando se armó el circuito, removilizando las arenas acorazadas naturalmente. Después de la carrera, la arena se distribuye pero sin ningún control de las formas en equilibrio con el régimen de olas. El daño a estas playas ha sido peor. Son playas naturales en la que no hay mayor actividad de los concesionarios de balnearios. Las barras intermareales se anexan como bermas de mareas. Con ellos puede haber colonización de moluscos que viven enterrados (infaunales) como la almeja rosada (Amiantis), la amarilla (Mesodesma) o el berberecho (Donax), y que pueden morir si el movimiento de arena los tapa demasiado (clogging) .

El impacto a largo plazo del turismo de sol-y-playa contempla áreas de reserva para minimizar las consecuencias del cambio climático, y de este modo su recuperación de otoño a primavera (ley 3202/06, aunque optativa). Lamentablemente, estas actividades tan impactantes no han sido evaluadas como en otros países, con firmes restricciones al acceso de vehículos. Algunos municipios se hacen cargo de estos problemas pero sus normativas no se cumplen. La preservación de las playas bonaerenses no se puede lograr por la normativa vigente, las autoridades de aplicación o por jueces competentes. Resulta entonces necesario que la FIM tome nota de que sus protocolos no se cumplen en Argentina.

Federico Ignacio Isla es doctor en Ciencias Naturales y licenciado en Geología, investigador superior ad honorem del CONICET. Se especializa en sedimentología costera y en el estudio de la dinámica litoral, el nivel del mar y la erosión costera. Desarrolla sus actividades en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC) en Mar del Plata. Su trabajo científico se centra en los impactos del cambio del nivel del mar en la costa bonaerense.
Ha producido numerosas publicaciones científicas sobre evolución costera, geomorfología y ambientes marinos.
Además, dirige y forma recursos humanos en el ámbito del CONICET y la investigación geológica.

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