Día Internacional contra el Cambio Climático: el rol de la UNMDP en la adaptación de Mar del Plata

En el marco del Día Internacional contra el Cambio Climático, la recurrencia e intensificación de eventos meteorológicos extremos, como lluvias torrenciales en breves lapsos de tiempo, sudestadas y erosión de playas, reafirman que el cambio climático no es una amenaza futura sino un desafío presente. Frente a esta realidad, las ciudades costeras, como Mar del Plata, se enfrentan al reto de transformar los diagnósticos técnicos en herramientas concretas de adaptación urbana y preparar a la comunidad.

Para profundizar en cómo la investigación científica contribuye a comprender y mitigar estos efectos, desde Portal Universidad consultamos a dos especialistas e integrantes del Panel de Cambio Climático de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP): Eleonora Verón, geógrafa, investigadora del CONICET y especialista en gestión de zonas costeras y planificación espacial marina; y Marcela Bertoni, doctora en Geografía y directora del Laboratorio de Investigaciones Socioambientales FACES.

La teoría del riesgo y la aceleración de los eventos extremos

Para abordar los impactos del clima, es necesario diferenciar la amenaza meteorológica externa de la interna del territorio. Al respecto, la geógrafa Eleonora Verón profundizó: “El cambio climático lo que hace en uno de sus efectos es intensificar los procesos meteorológicos o los procesos naturales: llueve mucho más en menos tiempo, y a su vez los hace en períodos más recurrentes, no te llegás a recomponer que aparece otro. Desde el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) se aborda el estudio del cambio climático desde la teoría del riesgo. Esos procesos, como por ejemplo mayores precipitaciones o el aumento del nivel del mar, son procesos que tienen que ver con la peligrosidad, con algo externo a lo que nos vamos a tener que acomodar o intentar mitigar. En las zonas costeras estamos dentro de lo que es la vulnerabilidad, que tiene que ver con la capacidad de adaptación que tenemos ante los procesos o la sensibilidad ante un proceso”.

La dimensión social y psicológica del riesgo

La adaptación climática requiere no solo diagnósticos técnicos, sino también comprender la percepción social y la respuesta de la comunidad ante el peligro. Al analizar los estudios realizados, la doctora Marcela Bertoni detalló: “Creemos que el cambio serio respecto de los comportamientos que hay que tener para atenuar el cambio climático nace de que la gente tenga claros los conceptos: qué significa el cambio climático y a qué riesgos se enfrenta. Nosotros lo medimos en encuestas a turistas y residentes en Miramar y la gente tiene percepción de riesgo: asocia todos los eventos climáticos extremos con el cambio climático, reconoce su urgencia y cree que se viene en breve. Ahora bien, cuando después le preguntamos respecto de sus comportamientos ambientales, no necesariamente eso se correlaciona con el riesgo que perciben”.

Sobre la “memoria corta” y la confianza comunitaria en la emergencia, Bertoni añadió: “Parece que la gente lo ve como algo lejano, que no le va a pasar a sí mismo hasta que no ve el problema. En Miramar hubo un temporal grande y en la encuesta que hicimos en el 2024 todo el mundo lo asoció al cambio climático, pero después que pasa el temporal, se olvidan. Además, en los distintos municipios vemos que la gente cree que su vecino va a ser solidario en caso de una emergencia, la municipalidad en menor nivel, y que Nación nunca va a responder. Eso cree la gente”.

En el mismo sentido, Eleonora Verón expuso: “En Bahía Blanca, después de la tormenta o de la inundación del 2024, caen dos gotas y la gente ya se pone mal porque la comunidad está mucho más sensibilizada. Son procesos que en psicología social suelen ocurrir”.

Inundaciones en Bahía Blanca

Al conversar sobre la responsabilidad hacia las siguientes generaciones, Bertoni reflexionó: “A nosotros nos pasa mucho que la gente dice: ‘yo no lo hago porque mi vecino no lo hace’ o ‘no lo hago porque me da fiaca’. Todas estas costumbres va a haber que cambiarlas porque lo que hay que preguntarse es qué va a pasar con las generaciones futuras, porque ahí también tiene que ver esa justicia ambiental. ¿Qué le dejamos a nuestros hijos, a nuestros nietos, qué planeta le vamos a dejar si no empezamos ya?”.

Protocolos de emergencia

Sobre las falencias en los sistemas de alerta actuales, Bertoni advirtió: “Los municipios en general lo que hacen es pasar una gacetilla de prensa diciendo cuestiones básicas que no hacen a la seguridad total de las personas. Necesitamos avanzar en sistemas de alerta temprana, que no solo alerten desde factores meteorológicos, sino que incluyan protocolos de acción y buenas prácticas para las personas que realmente salvan vidas”.

Personas reguardandose de la tormenta en Mar del Plata

Al consultar qué contenido específico deberían incluir estos protocolos de seguridad, agregó: “Las gacetillas de prensa generalmente dicen ‘no saque la basura’ o ‘no salga a la calle’, pero en un caso como el que sucedió en Bahía Blanca, tienen que informarle a la gente dónde está el centro de asistencia más cercano o qué hacer si hay corriente de agua. Todo eso la gente no lo sabe. Hay que generar protocolos de buenas prácticas e indicaciones mínimas de seguridad, como no ir descalzo o no pisar el agua por riesgo de corriente eléctrica. Necesitamos sistemas de alerta más aceitados, que vayan mucho más allá de no sacar la bolsa de basura”.

Sobre la falta de previsiones presupuestarias, Bertoni explicó: “Nosotros estamos viendo que sucede en toda la Argentina, pero también en los municipios, que no hay ningún fondo de reserva para casos de desastres. Entonces quedan en una incertidumbre en la acción post-evento que es complicada. Lo económico también exige tener algún fondo de reserva o alguna transferencia de riesgo posible para subsanar problemas”.

Al profundizar sobre la responsabilidad de la universidad en estas situaciones, Eleonora Verón argumentó: “Es necesario generar más canales de comunicación efectiva y de transferencia a la comunidad en general y a las instituciones. Nosotros como universidad podemos comunicar, transferir, contar lo que hacemos y los avances a los que llegamos trabajando e investigando, que es muy importante; pero cuando hablamos de procesos que afectan de manera tan general, estos desarrollos tienen que servir de base para la toma de decisiones institucionales. Que se generen sistemas vinculados a los pronósticos, pero no solo si va a llover o no, sino qué conlleva todo eso: a mayor difusión y mayor concientización de que, si hay una alerta de tormentas, qué es lo que debemos hacer y así lograr sensibilizar a la población”.

Injusticia ambiental, uso del suelo y ordenamiento territorial

Respecto de la desigualdad territorial en el Partido de General Pueyrredón, Bertoni argumentó: “Hay lugares que son mucho más vulnerables. En el Partido de General Pueyrredón, los barrios que siempre se inundan, sucede porque son terrenos más bajos y ante un evento climático son los más perjudicados. Una lluvia torrencial, como la que hubo en Bahía Blanca hace dos años, que llovió en dos horas lo que llueve en un año, no hay modo alguno de que la ciudad, aunque estuviera perfecta en términos de infraestructura, la pueda absorber. Cuando tenés ese tipo de eventos climáticos, esas zonas son realmente castigadas. Esto se vincula con el uso de la tierra y el valor de los terrenos, situaciones que va a haber que plantear desde el urbanismo para determinar qué lugares no usar más o no extender el tejido urbano hacia zonas peligrosas climáticamente”.

Complementando este diagnóstico, Verón detalló: “Una zona puede ser más vulnerable que otra en relación al peligro de una inundación por la altura, por la disposición que tienen las calles, por el sistema de recolección de residuos, de saneamiento y de bocas de tormenta. Todos esos factores ante un evento externo en su conjunto permiten identificar si tiene, por ejemplo, mayor superficie impermeable o no. Todos son índices que cuando se analiza la vulnerabilidad tienen incidencia”.

Fenómenos de una ciudad costera

Los fenómenos del mar tienen una incidencia directa en la planificación de las ciudades. Sobre este enfoque, Verón argumentó: “Es importante tener en cuenta el abordar estos temas desde la idea de interacción Tierra-Mar, porque muchos de los efectos del cambio climático en la costa se originan o se agravan en tierra: la construcción sobre médanos, la impermeabilización del suelo, los desagües y la pérdida de humedales. A la vez, el mar avanza sobre la tierra con temporales, sudestadas, erosión y salinización de acuíferos. Es un ida y vuelta: lo que pasa en la tierra tiene incidencia en el mar y lo que pasa en el mar tiene incidencia en la tierra”. Para abordar esta complejidad y conectar ambas dimensiones, Verón indicó: “Nuestro enfoque combina tres herramientas: el Manejo Costero Integrado (MCI) gestiona la costa como un sistema único; la Planificación Espacial Marina (PEM) ordena los usos del mar; y las interacciones tierra-mar (LSI, por su sigla en inglés) conectan ambas miradas”.

Al analizar las barreras administrativas que dificultan una gestión coordinada, Verón remarcó: “Hoy cada lado se planifica por separado: los municipios ordenan el uso del suelo, la provincia gestiona las aguas cercanas a la costa y la Nación el mar más allá. La franja donde ocurren los problemas queda sin una planificación común. Lo que hacemos es identificar en territorios concretos cómo se conectan las presiones de tierra y de mar, qué ecosistemas y servicios afectan y qué instituciones deberían intervenir”.

Mapa ilustrativo de la costa bonaerense

Por su parte, Marcela Bertoni analizó los distintos escenarios temporales de erosión y la incertidumbre climática. “Hay municipios al sur y al norte de la provincia que son los que más problemas de erosión costera presentan. Lugares como Pehuen Có o San Clemente del Tuyú probablemente tengan problemas por los procesos erosivos en 10 años, y lugares que tienen procesos erosivos más lentos, como General Alvarado o General Pueyrredón, el escenario es de 15 o 20 años de que el mar suba mucho. Se suman procesos y riesgos conocidos con un escenario de incertidumbre”, detalló la doctora.

Adaptación urbana

Al conceptualizar la diferencia fundamental entre la infraestructura gris y la infraestructura verde, Eleonora Verón definió: “Cuando hablamos de infraestructura gris es toda la infraestructura construida con la que las ciudades enfrentan el agua, el calor y el mar: desagües pluviales, arroyos entubados, canales de hormigón, calles y veredas impermeables, murallones y defensas costeras. La infraestructura verde cumple esas mismas funciones apoyándose en la naturaleza: plazas y parques que absorben la lluvia, arbolado que baja la temperatura, arroyos a cielo abierto con sus márgenes vegetadas, humedales urbanos, médanos y playas que amortiguan el oleaje”.

Asimismo, Verón dijo que: “la valorización de esa infraestructura nos permite aminorar los efectos mediante la generación de corredores que unan estos puntos verdes y permitan zonas de respiro para la ciudad. Esos pulmones dentro de Mar del Plata son necesarios: brindan oxigenación y servicios ecosistémicos fundamentales, que tienen que ver no solo con la regulación climática y la regulación hídrica, sino con el disfrute estético del paisaje que hace a la vida cotidiana. Hay que buscar mecanismos para adaptarnos lo más posible a estos eventos para que el impacto sea el menor posible y a su vez no incentivarlo”.

Jardines verticales

 

En este mismo sentido, Bertoni coincidió: “Hay medidas para reducir la huella de carbono que no son tan imposibles de hacer, en las ciudades turísticas se está trabajando en jardines verticales para proporcionar oxígeno y en sacar la impermeabilización del suelo; es decir, buscar otras formas de cubrir la superficie que no sea cemento y que permitan filtrar el agua”.

Y añadió que “Mar del Plata va a tener que sacar un poco de cemento de la costa porque insiste en hacer cada vez obras más duras y eso va a traer complicaciones. Yo creo que esto es una tendencia que va a tener que revertirse o al menos discutirse. Pinamar sacó todo lo duro de la playa justamente por eso, porque la demanda tiende a ser más sustentable y los lugares más sustentables van a ser los más competitivos”.

Un índice para que los destinos turísticos sepan dónde actuar

Al detallar la articulación internacional con la Universidad de Cádiz y el funcionamiento del Índice, Verón contó: “Trabajamos en el Índice de Vulnerabilidad al Cambio Climático para Destinos Turísticos Costeros (IVCT), que estamos integrando a BLUEToUR, un proyecto del grupo de investigación HUM-117 de esa institución. Desarrolla un sistema de índices y herramientas digitales para apoyar la toma de decisiones en destinos turísticos costeros, combinando el potencial turístico, la vulnerabilidad climática y la gestión del patrimonio natural y cultural”.

En este mismo sentido, agregó: “El IVCT está pensado para que lo apliquen los equipos técnicos municipales, no sólo los científicos. Evalúa catorce indicadores agrupados en tres preguntas: cuán expuesto está el destino a amenazas como temporales, inundaciones u olas de calor; cuán sensible es su economía y su territorio; y qué capacidad tiene para adaptarse. También ordena las acciones que se tienen que realizar según cuatro criterios: qué hay que corregir, qué hay que afrontar, qué conviene mantener y qué fortalezas se pueden aprovechar. Dos ciudades balnearias pueden recibir el mismo temporal y, sin embargo, sufrirlo de manera muy distinta”.

Economía circular y biocombustibles a partir del desecho pesquero

La transición hacia ciudades sustentables exige proyectos que reduzcan la huella de carbono. Sobre las oportunidades de descarbonización en el transporte urbano, Bertoni mencionó: “Argentina está catalogada como uno de los mejores países de ventajas comparativas respecto de los biocombustibles, está a nivel internacional en los top 3. Entonces, ser capaz de reconvertir el transporte público a biocombustibles podría ser una salida. Por ejemplo, en Mar del Plata lo quieren hacer también a través de desechos de pescado, de materia orgánica. Es mucho mejor que el agrícola, porque este otro tiene controversias como el crecimiento de la frontera agrícola, aumento del precio en el mercado interno, etc. Pero con el desecho de basura, si uno tuviera biocombustibles, hay dos beneficios: no emite gases de efecto invernadero por descomposición de basura y, por el otro lado, aprovechás y le das un valor dentro de la economía circular”.

Residuos de pescado

Asimismo, Bertoni enfatizó: “Hay un nicho de mercado muy interesante que es toda la cuestión del transporte público. Hay algunos estudios hechos en Rosario que plantean que, en un escenario donde Argentina se pudiera reconvertir al 50% del transporte público a biodiésel, se reducirían las emisiones de carbono en un 40% en el país, sobre todo porque serían los grandes centros urbanos los que podés reconvertir”.

La importancia de la educación ambiental

La concientización ambiental requiere de herramientas y espacios de diálogo. En relación con las iniciativas educativas del Panel, Eleonora Verón destacó: “Estamos trabajando en una sala de escape para chicos de escuelas secundarias. Lo que hacemos con esta sala es sensibilizar a los chicos y también a los docentes con una guía. Tenemos dos salas: una de océanos y otra de ciudades, e intentamos mostrar cómo se pueden ver esos cambios, qué podemos hacer nosotros y cómo afectarían ante determinados eventos”. Asimismo, Verón remarcó: “Hay que intentar concientizar con campañas ambientales, desde las escuelas hasta la población en general. Generar más propuestas hacia los operadores turísticos, a guardavidas y balnearios, a todos los actores que forman parte del sistema turístico de nuestra ciudad”.

Sala de escape en Jornadas Investigar

Por su parte, Marcela Bertoni reflexionó sobre el rol social de la UNMDP en la construcción de acuerdos sustentables. “Tenemos que poner mucha fuerza en los factores sociales y en las personas, superando el sesgo estrictamente científico-técnico para persuadir a la ciudadanía e internalizar lo ambiental. Es indispensable abrir espacios para discutir con la gente a través de talleres y asambleas. En ese proceso, la universidad ofrece una posición neutra para discutir los problemas de una comunidad donde hay conflictos de intereses, facilitando el diálogo y logrando consensos para trabajar en conjunto”, concluyó.

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