“Las despedidas son esos dolores dulces”: el Indio Solari y la persistencia de un lenguaje colectivo

El 5 de junio de 2026, los miles de fanáticos de la figura del Indio Solari recibían la intragable noticia del fallecimiento del ex líder de Los Redondos. La muerte del Indio Solari volvió a producir algo que pocas figuras culturales consiguen generar en la Argentina contemporánea: una conmoción colectiva que atravesó generaciones, clases sociales e identidades políticas. Las despedidas espontáneas, las vigilias, las canciones cantadas en plazas y calles y las miles de personas que encontraron en las letras del ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota una forma de expresar el duelo pusieron nuevamente en evidencia la dimensión de un fenómeno que nunca pudo explicarse únicamente desde la música.

Durante décadas, el Indio fue mucho más que un cantante. Para miles de seguidores representó una voz capaz de nombrar aquello que parecía no tener nombre, una referencia cultural que construyó un lenguaje propio y una comunidad que trascendió los recitales. Su figura se convirtió en símbolo de resistencia, de pertenencia y de identificación para generaciones enteras que encontraron en sus canciones una forma particular de leer el mundo.

La masividad de esa despedida también reabrió interrogantes que acompañan a Los Redondos desde hace más de cuarenta años. ¿Cómo una banda que evitó la televisión, rechazó las lógicas tradicionales de promoción y mantuvo una relación distante con los grandes medios logró convertirse en uno de los fenómenos culturales más importantes de la historia argentina? ¿Por qué sus seguidores desarrollaron niveles de identificación tan profundos? ¿Y cómo pasó de ser celebrada por el periodismo especializado a convertirse en objeto de vigilancia estatal y cobertura policial?

Para responder a estos interrogantes, desde Portal Universidad dialogamos con el sociólogo marplatense Darío Sampietro, autor del libro Mimados y temidos: Los Redondos y la prensa, publicado por EUDEM en 2022, resultado de una investigación que reconstruyó la compleja relación entre la banda y los medios de comunicación a lo largo de distintas etapas históricas.

De la contracultura platense al fenómeno nacional

La historia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota comenzó lejos de los grandes escenarios y de las discográficas multinacionales. Surgió en la ciudad de La Plata durante la década de 1970, en un contexto atravesado por la efervescencia cultural, la experimentación artística y posteriormente por la represión de la última dictadura militar.

Desde sus orígenes, el proyecto encabezado por Carlos “Indio” Solari, Eduardo “Skay” Beilinson y la Negra Poly se diferenció de las estructuras tradicionales del rock nacional. Más que una banda convencional, Los Redondos fueron una experiencia artística que mezclaba música, teatro, literatura, humor absurdo y elementos de la contracultura.

Aquellos primeros recitales se desarrollaban en espacios alternativos y reunían a un público reducido pero intensamente comprometido con una propuesta que escapaba a cualquier clasificación sencilla. Las letras del Indio, cargadas de referencias literarias, imágenes ambiguas y múltiples niveles de interpretación, comenzaron a construir un universo propio que exigía una participación activa del oyente.

Durante los años ochenta, con el retorno de la democracia, la banda consolidó su identidad independiente. Mientras gran parte del rock argentino se integraba progresivamente a los circuitos comerciales y mediáticos, Los Redondos mantuvieron una estrategia de autogestión inédita para la época. Produjeron sus propios discos, administraron sus recitales y controlaron cuidadosamente la circulación de su imagen pública.

Esa independencia se transformó en una de las claves de su crecimiento. Lejos de perjudicarlos, la distancia respecto de los mecanismos tradicionales de promoción fortaleció el vínculo con sus seguidores y consolidó una imagen de autenticidad que terminaría convirtiéndose en una marca distintiva.

La masificación llegó durante los años noventa. Los recitales comenzaron a convocar multitudes cada vez más numerosas y el fenómeno ricotero adquirió una dimensión nacional. Miles de jóvenes de distintos puntos del país viajaban para asistir a conciertos que se transformaban en auténticos rituales colectivos.

En un contexto marcado por las transformaciones económicas y sociales del menemismo, Los Redondos ofrecieron un espacio de pertenencia para amplios sectores juveniles que encontraban en sus canciones una forma de identificación cultural y emocional. Lo que había comenzado como una experiencia underground terminó convirtiéndose en uno de los movimientos culturales más importantes del país.

El pogo más grande del mundo

Si existe una imagen capaz de sintetizar el fenómeno de Los Redondos, probablemente sea la de miles de personas saltando al mismo tiempo cuando suenan los primeros acordes de “Jijiji”. El llamado “pogo más grande del mundo” se convirtió con los años en una marca registrada de la banda y en una de las expresiones colectivas más reconocibles de la cultura popular argentina.

Indio Solari en Olavarría 2017

Lejos de ser simplemente una forma de bailar en un recital, el pogo ricotero terminó convirtiéndose en un ritual de pertenencia. Generaciones enteras de seguidores encontraron en esa experiencia una manera de expresar físicamente la identificación con la banda y con una comunidad que trascendía los límites de la música. Los recitales de Los Redondos eran vividos como verdaderos acontecimientos colectivos en los que el público tenía un protagonismo tan importante como los propios músicos.

Darío Sampietro abordó esta cuestión en su investigación y destacó que el pogo puede entenderse a partir de la noción de “aguante”, una categoría central dentro de la cultura ricotera. “El pogo implica la idea del aguante, de estar, participar como un fenómeno de identidad y de goce de los cuerpos que bailan y se tocan“, explicó. Desde esa perspectiva, la experiencia excedía ampliamente el espectáculo musical para transformarse en una práctica comunitaria donde el cuerpo ocupaba un lugar central.

Para el sociólogo, el fenómeno también puede leerse como una respuesta a los procesos de fragmentación social que atravesaron a la Argentina durante los años noventa. Mientras muchas instituciones tradicionales perdían capacidad de generar pertenencia, los recitales de Los Redondos ofrecían un espacio de encuentro y reconocimiento mutuo para miles de jóvenes. El pogo, entonces, no era únicamente una celebración musical sino también una forma de construir comunidad.

La canción “Jijiji”, convertida en el momento más esperado de cada recital, terminó simbolizando ese fenómeno. Con el paso de los años, las imágenes de multitudes saltando al unísono recorrieron el país y consolidaron una escena que hoy forma parte de la memoria colectiva del rock argentino. Incluso después de la separación de la banda, y más tarde durante la etapa solista del Indio Solari, aquel ritual continuó funcionando como una de las expresiones más potentes del vínculo entre el artista y su público.

Un libro para entender una relación cambiante

Fue precisamente esa transformación la que despertó el interés académico de Darío Sampietro. Sociólogo egresado de la Universidad Nacional de Mar del Plata y seguidor de la banda desde joven, decidió convertir esa inquietud en una investigación que terminaría dando origen a Mimados y temidos. “Lo que trato de demostrar en el libro es cómo fue la relación entre Los Redondos y la prensa a lo largo del tiempo, cómo fue variando esa relación”, explicó.

La pregunta central de la investigación partió de una observación aparentemente sencilla pero profundamente reveladora: la imagen que los medios construyeron sobre Los Redondos cambió drásticamente entre los años ochenta y los noventa.

Durante la primera etapa, la banda era celebrada por gran parte del periodismo especializado. El propio Indio Solari llegó a referirse a ellos como “los mimados de la prensa“. Las revistas que cubrían la escena del rock compartían muchos de los códigos culturales y políticos que atravesaban al grupo.

Publicaciones como Pelo, Rock and Pop o Cerdos y Peces funcionaban como espacios de intercambio entre periodistas y músicos que pertenecían al mismo universo contracultural. Las entrevistas se desarrollaban en un clima de cercanía y complicidad que hoy resulta difícil de imaginar.

Había una prensa especializada que compartía el mismo universo cultural que la banda“, explicó Sampietro. Esa afinidad permitía una cobertura muy diferente de la que llegaría años después. Sin embargo, la masificación del fenómeno modificó radicalmente ese escenario.

Cuando los medios cambiaron la mirada

A medida que los recitales crecieron y comenzaron a convocar decenas de miles de personas, Los Redondos dejaron de ser una curiosidad del periodismo musical para convertirse en un fenómeno social imposible de ignorar. Fue entonces cuando los grandes diarios comenzaron a prestarles atención.

Pero esa atención no llegó desde las páginas culturales. “En los años noventa aparecen en los diarios nacionales principalmente desde las secciones policiales“, señaló Sampietro. La diferencia no era menor. Mientras las revistas especializadas analizaban aspectos artísticos y culturales, gran parte de la prensa masiva se concentró en los incidentes ocurridos alrededor de los recitales, los conflictos con las fuerzas de seguridad y las dimensiones de las convocatorias.

El cambio de enfoque produjo una transformación profunda en la representación mediática del fenómeno. Los mismos seguidores que anteriormente aparecían como parte de una comunidad cultural comenzaron a ser presentados como un potencial problema de orden público. Allí surge precisamente el concepto que da nombre al libro. “Pasaron de ser los mimados de la prensa a convertirse en los temidos“, resumió el investigador.

Para Sampietro, ese desplazamiento no puede comprenderse únicamente a partir de los acontecimientos vinculados a los recitales. También debe analizarse en relación con los cambios sociales, políticos y culturales que atravesaban la Argentina durante los años noventa. La construcción mediática del llamado “ricotero” comenzó a incorporar elementos asociados al peligro, la violencia y la marginalidad. De ese modo, la cobertura periodística contribuyó a consolidar determinadas representaciones sobre amplios sectores juveniles y populares que encontraban en Los Redondos un espacio de identificación.

El hallazgo que reveló la mirada del Estado

Uno de los aspectos más sorprendentes de la investigación surgió cuando Sampietro incorporó una fuente poco habitual para estudiar una banda de rock: los archivos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA). La documentación desclasificada permitió reconstruir cómo los organismos de inteligencia observaban el fenómeno ricotero.

Los Redondos fueron vigilados por la inteligencia policial bonaerense“, explicó. Los informes analizados por el investigador mostraban que el Estado no sólo seguía los recitales y las convocatorias, sino que además examinaba las letras de las canciones, estudiaba las características del público y producía informes sobre el significado cultural de la banda.

Uno de esos documentos describía a Los Redondos como “una agrupación con una actitud combativa frente al sistema” y destacaba que “sus letras requerían conocer determinados códigos para ser comprendidas”. Para Sampietro, esos archivos resultan particularmente reveladores porque permiten observar cómo una expresión cultural era percibida por organismos encargados de controlar y vigilar potenciales amenazas al orden establecido.

“Era un fenómeno contrainstitucional, contratelevisivo y contramediático”, sostuvo. Esa percepción estatal ayuda a explicar por qué una banda de rock terminó siendo objeto de seguimiento sistemático por parte de los servicios de inteligencia.

La vigencia de un fenómeno irrepetible

Sampietro también reflexionó sobre la posibilidad de que surja en la actualidad un fenómeno comparable al de Los Redondos. Según explicó, la banda fue producto de condiciones históricas, culturales y tecnológicas muy específicas que difícilmente puedan reproducirse en el presente.

La construcción de comunidad, la circulación de información a través del boca en boca, las revistas especializadas y las grabaciones que pasaban de mano en mano generaban formas de pertenencia muy diferentes a las actuales. “Estamos atravesando una revolución cognitiva, cultural, económica y ética. Es otro mundo“, afirmó.

En contraste con la lógica de las redes sociales y los algoritmos, que privilegian la velocidad y la inmediatez, Los Redondos construyeron un vínculo basado en la lentitud, la interpretación y el descubrimiento progresivo. Las letras del Indio, cargadas de referencias y significados múltiples, exigían tiempo y dedicación. Precisamente por eso lograban establecer una relación tan intensa con sus seguidores.

El legado después de la despedida

La muerte del Indio Solari terminó de confirmar algo que para muchos ya era evidente: el fenómeno ricotero continúa vivo mucho más allá de la existencia física de sus protagonistas. Sampietro observó con particular atención las reacciones que generó la despedida. “Fue muy emotivo y por suerte salió todo bien. Fue una despedida digna como se merecía“, recordó.

Lo que más le llamó la atención fue la capacidad de autogestión demostrada por miles de personas que se reunieron para despedir al músico. “Había como un autogobierno, una autogestión autoconvocante“, señaló. La escena sintetizaba, de algún modo, muchas de las características que históricamente definieron al fenómeno ricotero: organización espontánea, sentido de comunidad y pertenencia compartida.

Para el investigador, la diversidad de personas presentes también resultó significativa. Había seguidores de distintas edades, procedencias e identidades políticas, unidos por una referencia cultural común que trascendía cualquier alineamiento partidario. Esa capacidad de construir identificaciones profundas constituye, justamente, una de las razones por las cuales Los Redondos siguen ocupando un lugar singular en la historia cultural argentina.

En ese sentido, Mimados y temidos funciona como mucho más que un libro sobre una banda de rock. Es una investigación sobre los medios de comunicación, sobre las transformaciones sociales de las últimas décadas y sobre la manera en que determinadas expresiones culturales logran convertirse en espacios de pertenencia colectiva.

La muerte del Indio volvió a poner esas preguntas sobre la mesa. El trabajo de Darío Sampietro aporta herramientas para responderlas y para comprender por qué, más de cuatro décadas después de sus primeros recitales, Los Redondos continúan siendo un fenómeno imposible de reducir a la música.

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