FOMO: el nuevo padecimiento de ansiedad en tiempos de pandemia

 

Nuevas consecuencias son desbloqueadas cada vez que una plataforma suma herramientas y formatos para que los usuarios interactúen entre sí. En esta carrera por nuestra atención, las redes sociales juegan un papel fundamental. El miedo a perderse de algo y quedar por fuera de las tendencias genera una nueva patología psicológica conocida como FOMO (Fear of Missing Out).

Así lo definió María Paula Vega, Licenciada en Psicología y Docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, quien explicó que este nuevo tipo de ansiedad social “tiene que ver con una tendencia a estar constantemente atento, informado y al tanto de ciertos contenidos en el momento exacto en el que ocurren los hechos. Si lo llevamos al terreno de las nuevas tecnologías en esta era digital, esto tiene mucho que ver con esta necesidad de estar conectados todo el tiempo”.

Las consecuencias aparecen cuando esto pasa a ser lo central en nuestra vida. Más allá de lo que estemos haciendo, solemos estar todo el tiempo pendientes del celular y de lo que va ocurriendo en este mundo virtual.

Durante la pandemia, nuestras vidas, tanto en el ámbito laboral como en el de esparcimiento, pasan a través de una pantalla: “El estar tan pendiente hace que esto eleve los niveles de ansiedad, lo que lleva a cada persona a esta necesidad de estar conectado todo el tiempo va a pasar por su propia subjetividad. A algunos se les ha generado un hábito de chequeo y otros necesitan estar presentes para sentir que hay otros que se comunican con él” aseguró.

Si bien esta patología afecta mayoritariamente a los adolescentes, “en realidad, se ve en la población en general. Hay estudios que demuestran que activamos el celular cada 10 segundos para ver la novedad y, más allá de que estemos concentrados en alguna otra actividad, el simple sonido del ingreso de una notificación deriva nuestra atención hacia allí” reveló Vega.

En cuanto a las consecuencias, la psicóloga confirmó que “esto trae pensar que, si uno no ve esa notificación en el momento, puede ser excluido del grupo. Esto roza las cuestiones de emocionalidad, la discriminación, la no aceptación y el no pertenecer. Es como que uno debiera, en ese instante, estar conectado, haber recibido la información y haber respondido”.

Lo que se está viendo es esta tendencia a estar todo el tiempo pendientes y con la atención puesta en lo que está pasando en el afuera.

Sin dudas, este nuevo escenario conectado a partir de los vínculos tecnomediados genera un nuevo modo de relacionarnos con los otros. “El cara a cara nos posibilitaba un registro de gestos, posturas, tonos de voz e intencionalidad en las relaciones que, en los vínculos tecnomediados, implica otros códigos de construcción de esa comunicación. Los emojis han tomado protagonismo así como también esta cuestión de lo que digo y de cómo lo digo, el no registro de lo que está generando en la otra persona” afirmó.

Debemos entender que estamos “exponiéndonos a no saber quién está del otro lado en estos vínculos ni qué va a hacer con esa información que yo estoy publicando. Es necesario estar atentos y empezar a registrar cuántas horas del día se lleva el estar conectado, cuánto tiempo estamos pendientes de estas cuestiones y cómo hacer para volver a tener el control y que esto no sea una situación que genere ansiedad o que despierte nuevos miedos” concluyó Vega.

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