Perder el trabajo en pandemia: la historia de Carla Morresi

Carla Morresi, la protagonista de esta entrevista

 

Por Luciano Fernández* 

 

Carla Morresi es marplatense y tiene 27 años. Hija única, de padres muy presentes, encontró su vocación luego de finalizar sus estudios secundarios y decidió ponerse en marcha para lograr su objetivo: ser maestra jardinera y poder enseñar a los más chicos. Al dialogar con ella y narrarnos lo que vivió a lo largo del 2020, son dos las palabras que pueden definir su experiencia: lucha y perseverancia.

En esta entrevista, conoceremos un poco más sobre su vida, el duro momento que tuvo que atravesar al perder el trabajo en plena pandemia y cómo logró adaptarse a una nueva labor alejada de las aulas, pero siempre con ansias de volver a ellas y ejercer la docencia, esa vocación que tanto ama.

 

– Contanos un poco de vos, ¿Quién es Carla Morresi?

– Soy una maestra jardinera de 27 años, nacida y criada aquí en Mar del Plata. Mi familia es muy chica porque soy hija única y mis papás me tuvieron de grandes. Ellos también son hijos únicos, así que somos mi mamá, mi papá y yo. También están presentes mis padrinos, pero de todas maneras somos poquitos. Actualmente vivo sola, me mudé de mi casa hace dos años. En ese momento estaba en pareja, así que me fui a convivir con él, pero el año pasado me separé.

 

– ¿Cuándo tomaste la decisión de ser maestra jardinera?

– Ni bien terminé el secundario quería empezar a estudiar algo, pero estaba un poco perdida. Por suerte, una conocida de la familia que es psicopedagoga realizaba test vocacionales. Ella me orientó un montón, así que decidí tomar el test y dio como resultado que lo mío era el cuidado de niños y todo lo vinculado a ello. Como esto lo hice al año siguiente de culminar la escuela, ya habían pasado las fechas de inscripciones para los institutos. Pero gracias a que mi papá trabajó en editoriales de libros y se manejó en el ambiente educativo, conocía a quien en ese entonces era la directora del Instituto 19. Allí fue donde realicé el Profesorado de Educación Inicial. Si bien la elección no nació plenamente de mí, ya que necesité ayuda de una profesional, lo cierto es que cuando vi ese resultado del test me gustó mucho. Dije “sí, quiero ser maestra jardinera”, por lo que empecé a estudiar y la verdad me encantó. En ese momento decidí ser maestra, siempre me gustaron los chicos y tuve ese don.

 

– ¿Qué es lo que más te apasiona de esa vocación?

– Lo que más me apasiona es trabajar con los chicos. Si bien todos dicen “Ay, que paciencia que tenés”, considero que no se trata de eso sino que esto es una vocación, un don aparte que una tiene. Eso lo que más me gusta, educarlos; el amor que te dan, lo cariñosos y dulces que son. Te sorprenden todo el tiempo con preguntas, con cosas que quizás a vos no se te hubiesen ocurrido y son muy creativos, imaginan todo el tiempo. Además marcás una etapa muy importante de sus vidas. Estos años que trabajé en el jardín amaba estar en la sala, si tenía algún problema personal fuera de ese contexto, estando con los chicos me olvidaba de todo. Sin dudas, esta es mi vocación.

 

– ¿Cómo fueron tus inicios laborales?

– Cuando estaba estudiando el profesorado cuidaba al hijo de una vecina, así que siempre me gustaron los niños y tuve conexión con ellos. Al recibirme en 2016, gracias a la ayuda de mi papá que me armó una lista con los colegios para repartir currículums, dejé uno en este jardín que estaba en la Avenida Constitución y Carballo. La verdad fue de pasada, porque ni siquiera lo conocía ni lo tenía anotado ya que había abierto recientemente. Lo cierto es que a mediados de marzo de 2017 me llamaron para una entrevista porque necesitaban a una chica para estar a cargo de la sala de uno. Un día estuve a prueba y les gustó como trabajé, como me vinculé con los bebés, así que me contrataron. El primer año estuve en sala de uno, después un par de años en sala de dos y el último año – 2020 – a cargo de las salas de cuatro y cinco. 

 

– ¿Cómo impactó la pandemia en esa última experiencia laboral como maestra jardinera?

Carla y la sala a su cargo, ambientada con estilo mexicano

– Me acuerdo que el año pasado todas nos despedimos un viernes y nunca más volvimos a la presencialidad. Dijimos “bueno, buen finde, nos vemos el lunes”, y ese lunes  nunca llegó.

Tenía a mi cargo las salas de cuatro y cinco, super contenta porque estaba trabajando un montón. Los de cinco ya pasaban a la primaria así que me encontraba muy enfocada en el tema del uso del cuaderno, ya que a esa edad empiezan a escribir en él. Recuerdo además que la temática de

l año eran países y a mí me había tocado México, así que ambienté toda la sala con calaveras y le di ese estilo al aula. El acto inicial fue muy lindo, las familias estaban felices. Incluso el jardín había crecido mucho en cuanto al tema de las matrículas y se había ampliado con la instalación de nuevas salas. Pero de repente todo se vino abajo.

Con la cuarentena obligatoria las clases se suspendieron y por ende tuvimos que manejarnos inicialmente por grupos de WhatsApp donde enviábamos las actividades. Al poco tiempo el jardín armó una plataforma virtual donde subíamos videos, tareas y manteníamos comunicación con las familias. Pero nos empezamos a enterar que muchos inscriptos se daban de baja, más que nada porque el jardín era principalmente maternal y estas salas no son obligatorias. Como la pandemia había impactado también en el trabajo de los padres, ¿para qué iban a pagar una sala de un jardín que no es obligatoria si los podían cuidar ellos?

En ese momento había buena comunicación con las directoras, ellas nos decían que estemos tranquilas y tuviésemos paciencia, que siguiéramos trabajando como lo veníamos haciendo. Nosotras nunca bajamos los brazos, nuestra predisposición, esfuerzo y amor por los niños siempre fue igual. Pero como había cada vez menos chicos inscriptos, menos sueldos podían pagarse. Ahí fue cuando se terminó de derrumbar todo, porque el jardín cada vez tenía menos dinero. Los docentes no cobrábamos pero  seguíamos trabajando igual y lamentablemente, pese al apoyo de que íbamos a seguir, todo ese esfuerzo que dimos por el jardín no fue valorado porque de un día al otro se cortó la comunicación con las directoras. No respondían los mensajes, no entendíamos qué pasaba. Recién en septiembre nos mandaron un mensaje por WhatsApp a todas – que en realidad era copiado y reenviado a cada una – informándonos que ya habían comunicado el cierre del jardín al Ministerio e iban a hablar con el contador por lo relativo a la liquidación y todo lo que nos debían, porque tampoco nos habían pagado el aguinaldo. El despido terminó siendo un “gracias por acompañarnos” y punto final. Fue un baldazo de agua fría quedarme sin trabajo en medio de la pandemia.

 

– ¿Existió alguna medida preventiva por parte de las autoridades del jardín para evitar su cierre?

– Ellos pidieron ayuda estatal a través del Programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) que, si bien fue aprobado, llegaba muy tarde. Seguían pasando los meses y se estaban endeudando cada vez más con nosotras, hasta que se les hizo insostenible. Podría decirse que esa fue la única medida preventiva, no mucho más.

 

– Sabiendo que en ese contexto existía un decreto (329/2020) que prohibía expresamente los despidos y suspensiones sin justa causa y por las causales de falta o disminución de trabajo y fuerza mayor ¿Qué argumento utilizaron los dueños del jardín para despedirlas a vos y tus compañeras? ¿Llevaron adelante alguna acción legal contra esta medida?

– Cuando nos despidieron con ese mensaje de WhatsApp, en ese momento no sabíamos qué hacer porque nos debían dinero por nuestro trabajo. Además, después de todo lo que habíamos hecho por el jardín, no nos pareció correcta la forma tampoco, así que con mis compañeras nos afiliamos al Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP) donde recibimos asesoramiento legal: nos indicaron las medidas a seguir, mandamos telegramas y cartas documento. Algunas llegamos a un arreglo económico, otras directamente fueron a juicio. A mí actualmente me están pagando en cuotas el dinero que me deben.

 

– ¿Seguís teniendo contacto con tus ex compañeras de trabajo? De ser así ¿En qué situación laboral se encuentran ellas actualmente?

– Si, sigo teniendo contacto con mis compañeras porque nos hicimos amigas. Si bien ahora no nos estamos viendo por el tema de la pandemia, hablamos y estamos siempre presentes. Solo una compañera consiguió trabajo en un jardín privado, porque viene insistiendo desde hace un montón y tiene una conocida allí. La realidad es que si en los jardines privados no tenés un contacto es muy difícil poder ingresar. Por suerte ella consiguió, las demás nos estamos dedicando al cuidados de niños, limpieza de casas de familia y otros trabajos que no tienen nada que ver con lo educativo ya que lamentablemente no conseguimos nada.

 

¿Qué fue lo que hiciste para poder mantener tu estabilidad económica luego de quedar sin trabajo?

– Cuando pasó lo de la pandemia estaba trabajando en la virtualidad con el jardín y a la vez cuidaba a una nena de un año y medio. Por suerte los padres me pusieron en blanco, así que por lo menos tenía un trabajo en regla – que era lo que más me preocupaba por el tema de la obra social, los aportes y todo eso. Pero este febrero sabía que se me terminaba el contrato laboral porque ellos se iban a vivir a Barcelona. Como maestra lamentablemente aún no consigo. Ahora estoy aprovechando a hacer cursos con puntaje, porque en Provincia y Municipalidad para conseguir un cargo tenés que poseer un puntaje alto, y yo la verdad que como había conseguido ese puesto en el jardín privado me quedé un poco atrás en ese sentido. Estoy aprovechando el año en esto para poder conseguir algo el año próximo. Si bien ese trabajo de niñera terminó, por suerte una conocida me pasó el dato de una ex cuñada suya que necesitaba a alguien que cuide a una bebé. Ella me recomendó y me contrataron, así que ahora estoy bien. No es lo ideal ya que me encantaría conseguir trabajo como maestra y estar en la sala, pero dentro de todo cuido a una bebé, estoy en blanco y en un ambiente donde me encuentro tranquila.

Feliz con su guardapolvo a inicios del ciclo 2020

 

– ¿Tu trabajo actual como niñera es algo temporal hasta encontrar trabajo como maestra o pensás complementar ambas labores?

– Es algo temporal. Lo primero que le dije a la mamá de la bebé que cuido es que soy maestra, le conté toda mi historia y la mala experiencia en pandemia que tuve. Ella sabe que si consigo trabajo en las aulas, a esta labor la voy a tener que dejar a menos que me coincidan los horarios. Actualmente trabajo de 10 a 16, horario que implica parte de la mañana y la tarde, por lo que sería difícil conseguir un turno en un jardín y complementarlo con esta labor. Pero la verdad es que por el momento no surgió nada, así que ahora cuido a la bebé todos los días y además estoy haciendo los cursos que mencioné. Está bueno porque me llevo la computadora, leo un montón de material, me capacito y mantengo mi cabeza ocupada.

 

– ¿Qué es lo que más extrañás del trabajo en el jardín?

– Lo que más extraño es estar en la sala con los chicos. Estar ahí, pasar momentos con ellos, hacer actividades, reírme, cantar, ese contacto con ellos… y ponerme el guardapolvo. La verdad es que a veces caminando por la calle veo a alguna maestra con el guardapolvo y me agarra como esa sensación de decir “yo tendría que estar en ese lugar”, extraño un montón eso. Genera una envidia sana, totalmente. Es muy loco porque estaba en esa situación, con un guardapolvo y un trabajo en el jardín que es lo que más me gusta y de repente se derrumbó todo. Es muy triste la verdad, más cuando tenés un trabajo que amás y desaparece de golpe.

 

– Dejando de lado el plano laboral ¿Afectó la pandemia otros ámbitos de tu vida?

– Dejando de lado el plano laboral, la pandemia afectó en mi relación. En ese momento convivía, y lamentablemente quien era mi novio también se había quedado sin trabajo, pero consiguió otro que era home office así que ambos estábamos conviviendo todo el día. Y la verdad que el combo de la pandemia, el vernos todo el tiempo y muchas otras cosas afectaron la pareja. Me separé después de ocho años de noviazgo y dos de convivencia. Así que en lo personal me afectó también en ese sentido: me quedé sin trabajo y sin novio. En ese momento la pasé mal, pero me siento super agradecida y valoro un montón la familia que tengo porque mis padres nunca me soltaron la mano, siempre me ayudaron en todo. No sé qué hubiera hecho sin la ayuda de ellos, sin que estuvieran ahí aconsejándome, dándome un abrazo, apoyándome en todo. Soy muy familiera, muy unida con ellos, todo el tiempo los veo porque me mudé cerca. Así que sí, me afectó ya que me separé.

 

– Pese a toda esta experiencia ¿Encontrás algo positivo en la pandemia?

– Lo que encuentro positivo es que la pandemia nos hizo a todos mucho más fuertes. Aprendimos a valorar más lo que tenemos, porque el virus de un día para el otro se llevó a muchas personas. Valorar, disfrutar los momentos, ese es el lado positivo que le veo a todo esto. Es como cuando se te cruza una piedra muy grande en el camino y vos la pasás, seguís hacia adelante y te hacés más fuerte. Creo que con la pandemia pasa algo similar.

 

– ¿Cuáles son tus planes a futuro?

– Seguir con trabajo, salud y que mis padres estén bien. En lo personal, más adelante me gustaría tener hijos. Actualmente estoy de novia desde hace muy poco. Pero mi principal plan a futuro es conseguir trabajo en un jardín, que es lo que amo hacer.

 

 

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

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