Delincuencia juvenil y deserción escolar: proponen herramientas para revertir la problemática

 

Año tras año los hechos de inseguridad aumentan en Argentina y pareciera las distintas gestiones que se alternan en el ejercicio del gobierno son incapaces de establecer políticas públicas capaces de revertir la situación. Bajar la edad de imputabilidad y aumentar la presencia policial son medidas equivalentes a tirar agua a las llamas en lugar de a la base del fuego, que es nada más y nada menos que analizar y resolver el delito en sus origenes.

Según un informe publicado por la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) y UNICEF, 4437 jóvenes cumplen medidas judiciales de carácter penal en Argentina y señalan que la prevención de la deserción escolar es una acción fundamental para cambiar esta realidad.

Para dialogar con mayor profundidad sobre este tema, desde Portal Universidad nos pusimos en contacto con Sandra Berta, Neuropediatra especialista en educación y creadora de la plataforma digital Banedi, una herramienta digital desarrollada con el objetivo de detectar fortalezas y debilidades en el funcionamiento neuropsicológico de los niños en edad escolar.

Fuente: Infobae.

Respecto del vínculo entre la delincuencia juvenil y la deserción escolar, Berta dijo: “Resolver esta problemática no requiere de una financiación extraordinaria y es increíble que no se ponga la atención sobre esto que es tan sencillo. Si uno sigue las trayectorias de los adolescentes que caen en situación de delincuencia, son todos chicos que por algún motivo se salieron del sistema educativo. Al salirse del sistema, estos chicos, que muchos tienen antecedentes de algún familiar privado de la libertad, se centran en su núcleo familiar, donde en general hay una gran conflictiva y donde el contacto con gente que les provee formas fáciles e ilegítimas de adquirir el dinero, está ahí a la vuelta de la esquina”.

“La pregunta es: ¿Por qué se salen del sistema educativo? Ahí es donde notamos que hay una enorme cantidad de niños que tienen problemas en su desarrollo y que por eso tienen problemas para aprender. Estos chicos no encuentran en el ámbito educativo un lugar de real acogida, un lugar donde se sientan cómodos, donde realmente se les van a dar las herramientas para proyectar su futuro. Si a esto le sumamos que no hay apoyo familiar para esa continuidad y el niño no está motivado, es muy fácil salirse de ese sistema. Una vez que se salió está perdido. Esto que decimos de arrearlos de nuevo hacia el sistema educativo, si bien nunca hay que dejar de intentarlo, sabemos que en la práctica no resulta, hay que poner toda la energía en evitar que suceda en primer lugar”, aseguró.

En cuanto a la magnitud de la problemática, Berta manifestó: “En Argentina, y en América Latina, hay un vínculo muy evidente entre la delincuencia juvenil y la crisis educativa. Está en aumento el porcentaje de niños que terminan su etapa escolar sin poder leer e interpretar un texto simple. Aumenta la delincuencia juvenil porque aumenta la crisis educativa, menos niños y adolescentes salen del sistema escolar y eso reduce sus capacidades de desarrollarse y acceder en buenas condiciones al mercado laboral”.

La importancia de formar educadores que atiendan las particularidades de cada estudiante

El modelo de escuela donde un docente se dirige a una masa de alumnos como si no existieran singularidades, particularidades y distintos contextos no hace más que exacerbar las dificultades y penalizar con bajas notas a aquellos chicos que tienen dificultades para seguir el ritmo que se le impone al grupo. Sobre este aspecto, la neuropediatra expresó: “Cuando hablamos con los maestros y tratamos de explorar modalidades de enseñanza con características diferentes, todos los maestros manifiestan que nadie les enseñó a enseñar de esta manera. Hablamos de enseñar poniendo una meta, un desafío, porque en definitiva la vida es eso, metas a largo plazo que para alcanzarlas es necesario ir cumpliendo metas cortas. Si eso uno lo aprende en la escuela, cuando llega a la etapa adulta sabe que la vida es así  y la va a enfrentar de esa manera, con una experiencia y una trayectoria previa de un enorme aprendizaje”.

Fuente: Télam.

“Para poder hacer esto tenemos que reconocer el rol importantísimo que juega un maestro en la sociedad, pero cuando decimos maestro tenemos que reflexionar sobre el significado de la palabra maestro. Es alguien que nos enseña, además de conocimientos, experiencias de la vida y que saca de adentro nuestro lo mejor de nosotros. Hoy este rol de los maestros no es para nada reconocido y respetado en nuestra sociedad. Los maestros son los que pasan la mayor cantidad de horas con nuestros niños y todos están frustrados. No se trata de dinero, sino simplemente de una falta de reconocimiento del enorme valor que tienen. Hablamos de personas que tienen que poner en las infancias funciones cerebrales nuevas como la lectura, la escritura y el desarrollo de habilidades matemáticas y lo hacen sin tener ni idea con qué materia prima cuenta cada niño para hacer ese trabajo”, destacó.

En el mismo sentido agregó que “en los países que tienen altos índices de éxito en la escolarización, los maestros tienen un rol muy destacado dentro de la sociedad. Necesitan que se reconozca esa importancia y que se les den las herramientas necesarias para trabajar de un modo diferente con los niños. No se trata de cambiar la currícula o el programa, hablamos de cosas mucho más básicas”.

Calificaciones y repitencia

Se despertó mucha polémica frente a la implementación del Registro Institucional de Trayectorias Educativas (RITE), un informe valorativo en el que se explicitan los aprendizajes alcanzados y los pendientes, que desplaza del rol principal a las calificaciones numéricas y tiende a eliminar la repitencia en las escuelas. Consultada respecto de su opinión frente al tema, Berta dijo: “Creo que las notas en sí, lo único que aportan es establecer una diferencia competitiva entre el que le va mal y el que le va bien y eso no vale la pena. Se establecen comparaciones entre los compañeros, que no aportan porque aquél que le fue mal no necesariamente significa que se esforzó menos. Puede estar atravesando una problemática que no le permite rendir y eso genera frustración. En ese sentido es preferible corregir el error con un refuerzo positivo y no con una nota negativa. Por otro lado, hacer a un niño repetir para darle el mismo, de la misma forma, no tiene sentido. ¿Por qué repite el niño? ; ¿Qué es lo que no logró aprender? Tratar de enseñárselo de la misma forma que se comprobó que no dio resultado es un despropósito”.

Fuente: Télam.

“Necesitamos diálogo entre la familia, entre el maestro y los niños y reconsiderar nuestra concepción sobre el error. El error no es un problema, sino la clave esencial para aprender, equivocarnos forma parte del aprendizaje, si no nos equivocamos no aprendemos. Cuando un niño se equivoca, no hay que hacer hincapié sobre el error y retarlo por una mala nota. El feedback negativo no le sirve al niño, sino que hay que indagar sobre el proceso que hizo para llegar al resultado, que proceso hicieron sus compañeros y qué se puede hacer para corregir ese error. En vez de irse con una baja nota, el niño tiene que volver a casa con un refuerzo positivo de lo que vivió ese día en la institución”, aseguró.

¿En qué consiste Banedi?

En cuanto al funcionamiento y el origen de la plataforma Banedi, la especialista en educación expresó: “Como neuropediatra vengo percibiendo este problema hace muchísimos años. A través de esta plataforma generamos que el maestro observe cómo el niño trabaja y los errores que comete. Le posibilitamos realizar una especie de exploración neurológica a través de tareas comunes en la clase. Ahí el maestro detecta las dificultades que tienen los alumnos y se elaboran en la plataforma, mediante un algoritmo, instrucciones y herramientas que sirven para determinar cómo accionar frente a esas dificultades. Se puede diferenciar si un grupo tiene problemas de atención, problemas de lenguaje y lo que trabajamos con el maestro es como hacer para mejorar esas dificultades que se observan en el aula”.

En el mismo sentido dijo: “Con tan solo 20 minutos por alumno, el maestro puede elaborar un perfil que le permite trabajar de modo diferente, sin cambiar el programa escolar, y tres meses después se vuelve a realizar la evaluación para ver qué aspectos cognitivos mejoraron con el cambio de estrategia. No se trata de diagnosticar ni de etiquetar a los niños, sino analizar cuál es la estrategia más adecuada, personalizada para cada chico, ante cada dificultad puntual con el objetivo de ayudar a resolverla. Estas dificultades también permiten agrupar a los chicos por función cognitiva que no se está desarrollando correctamente y no sólo es el maestro el que participa, sino que los propios compañeros ayudan a los que tienen la dificultad. Se genera un espíritu de equipo, donde los logros se celebran de forma colectiva. Se enseña que podemos ayudar a otros, que nosotros podemos necesitar ayuda y que otro nos puede ayudar. El trabajo en equipo con el maestro como líder es lo que necesitamos desarrollar”.

Finalmente agregó: “Vemos cómo cambia la mentalidad de los chicos cuando el maestro aprende a transmitirle qué tareas está haciendo, por qué es importante hacerlas, la importancia que tiene el fijarse una meta y alcanzar esa meta, ayudándose entre ellos a alcanzarla.  Todo esto los motiva, los incentiva y es un desafío en el día a día. Los chicos lo encaran con un entusiasmo increíble y los hace sentir que están en un lugar donde se sienten seguros, comprendidos. Cuando se genera este espacio, es difícil que los chicos quieran abandonar ese lugar que les da contención, seguridad y un futuro donde mirar. Estamos trabajando en este proyecto con grupos de maestros importantes en Argentina, en Uruguay, en Perú. Tenemos más de cinco mil maestros que estamos trabajando en este sentido a través de la plataforma Banedi para tratar de instruir a los educadores en otra forma de enseñar. Esta tecnología funciona y puede revertir la crisis educativa en la Argentina”.

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