Cultura pandémica: lo que Zoom nos dejó

Por Celeste Verdicchio*

Un estudio reciente, publicado en la revista Technology, Mind and Behavior y elaborado por el catedrático Jeremy N. Bailenson, advierte acerca de un factor emergente en el marco de la pandemia por Covid-19. Se trata del concepto “Zoom fatiga”, un fenómeno que surgió de la mano de nuevas formas de relacionarse, trabajar, festejar cumpleaños e, incluso, asistir a clases académicas en todos sus niveles.

Aunque el programa de software ya existía mucho antes que la pandemia, lo cierto es que ha ido perfeccionándose según los requerimientos de sus usuarios. Los datos son espeluznantes: para diciembre de 2019 Zoom alcanzaba 10 millones de usuarios, una cifra que ascendería a 300 millones tan solo 5 meses después.

El programa ofrece un servicio gratuito y permite realizar videollamadas en tiempo real con un límite de 100 participantes y una restricción de 40 minutos. Sin embargo, la plataforma creada por Eric Yuan, también ofrece modalidades de suscripción paga que prometen una mejora en sus prestaciones, como tiempos ilimitados en su uso.

Lo cierto es que la pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 ha puesto en jaque las esferas sociales, económicas y culturales de todos los países del mundo. Las formas de relacionarse, consumir, trabajar y producir se han modificado drásticamente. Y, como afirmó Marshall McLuhan, el medio es el mensaje o, en este caso, Zoom es el mensaje.

Ahora bien, como expone Bailenson, el software ha permitido trasladar oficinas de grandes empresas a los hogares de miles de trabajadores y trabajadoras de todo el mundo pero, también, trasladar aulas a escritorios de miles de jóvenes. El pequeño mosaico que vemos en nuestras pantallas del computador ha permitido simular el contacto cara a cara y continuar con nuestras rutinas.

El tapabocas quedará, Zoom quedará

Según los datos que recopila Bailenson, la modalidad de videollamada utiliza un 10 % menos de energía para una reunión que si esta fuera en persona y tuviéremos que trasladarnos y consumir combustible, lo que aumenta las emisiones de carbono.

¿En qué posición nos deja eso? Al parecer, como coinciden varios especialistas, Zoom podría haber llegado para quedarse. De hecho, son varios los que advierten una nueva etiqueta semántica. Si ante una pregunta incógnita inmediatamente nos redirigíamos a Google, ahora, ante una reunión, automáticamente pensamos en Zoom.

 

Lo curioso es que, si bien el software ha supuesto muchas ventajas para la continuación de distintas actividades, aún se sabe muy poco de sus consecuencias a nivel psicológico y cultural. Como advierte Bailenson, Zoom puede provocar una fatiga en distintos niveles. Por un lado, porque estamos imposibilitados de observar el lenguaje no verbal del otro y esto nos aleja de reacciones naturales.

Por otro lado, el autor menciona una serie de factores que entran en juego: Zoom nos demanda estar mirando a los ojos directamente a otras personas, durante largas jornadas horarias, y, además, observar nuestro propio rostro de una manera nunca antes experimentada.

¿Cómo es esto? Bialenson lo equipara a un inmenso espejo en el que nos vemos reflejados todos los días, de manera constante. Es como si, de alguna manera, nuestro jefe o jefa nos apuntara con un espejo en la oficina.

En ese mismo sentido, el autor propone pensar en la “incomodidad del ascensor”, un juego a menudo utilizado como experimento para trabajos en el campo de la psicología o sociología, que explica la desviación de la mirada como reacción natural. Esto sucede porque cuando nos encontramos en un ascensor, con una proximidad muy cercana a personas extrañas, tendemos a sentirnos incómodos y, por ende, desviamos la mirada al piso.

Para Bialenson, el pequeño mosaico repleto de rostros exige una atención desmedida y, en comparativa a la incomodidad del ascensor, no tenemos escapatoria: debemos estar mirando a los ojos constantemente, o, a cámara.

Todo esto y factores en los que aún no se ha profundizado provocan la “Zoom fatiga”, un fenómeno nuevo que atañe a los tiempos que corren. Como menciona el autor, queda pensar nuevas maneras de contribuir a los tecnólogos y desarrolladores con el fin de mejorar la interfaz y evitar el impacto negativo en los sujetos sociales.

 

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

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