Ciencia y género en pandemia: quién es Daniela Garanzini, la creadora de “Científicas con voz”

Fuente: imagen cedida por Daniela Garanzini

 

 

 

Por Celeste Verdicchio*

 

Daniela Garanzini es licenciada y doctora en Biología por la Universidad Nacional de Mar del Plata. Tras su paso por la academia y varios años de trabajo en el laboratorio e investigación, descubrió que su pasión estaba en la comunicación. Exactamente en la comunicación pública de la ciencia.

En ese momento de su carrera, bajo el gobierno del ex presidente Mauricio Macri y en un momento clave de recortes, Daniela resultó rechazada en una convocatoria para investigación. Lejos de abatirse, dio pelea y fue en busca de lo que realmente quería: comunicar ciencia con perspectiva de género. Hoy, Daniela es una profesional multitatarea que hace radio, investiga y dedica muchas horas de sus días a sus cuentas oficiales en redes sociales: cientificasconvoz.

La pandemia, una oportunidad para comunicar ciencia

En este diálogo, Daniela cuenta que se vio envuelta en un fenómeno al que le gusta llamar “AP” y “DP”, que significan “antes de la pandemia” y “después de la pandemia”. La falta de contacto con las personas y la pérdida de las maneras de socialización típicas a las que la sociedad estaba acostumbrada, fueron una oportunidad clave para sus cuentas en redes sociales, específicamente en Instagram y TikTok.

En ese sentido, durante la pandemia, cientificasconvoz tuvo un crecimiento exponencial: pasó a tener veintidós mil seguidores en TikTok, una cifra increíblemente enorme para los números que manejaba antes de la pandemia por Covid-19. En cientificasconvoz nos encontramos con contenido fresco, novedoso y continuamente actualizado. “¿Sabías que las mujeres en el Neolítico tenían la misma fuerza que los hombres?”, acompaña el pie de imagen de un post en su cuenta oficial de Instagram.

 

CV: – Daniela, como has contado en varias ocasiones, trabajaste 10 años en un laboratorio hasta que decidiste dedicarte de lleno a la comunicación, específicamente en ciencia y género. ¿Cómo fue esa decisión? ¿Qué te impulsó a dejar el laboratorio y abocarte a la comunicación?

DG: – Respecto a la decisión de comunicar ciencia, yo soy bióloga y, en su momento, me había comenzado a involucrar en la docencia, pero siempre me chocaba. En los grupos de docentes y demás, hay como una cierta displicencia hacia dar clases, porque son personas que hacen investigación, que generalmente ejercen la docencia como segunda tarea. Entonces, está presente esa sensación de que es una “pérdida de tiempo” dar clases. Es como “bueno, lo hago porque me obligan, pero no es lo que más me gusta hacer”. En ese sentido, empecé a estudiar el profesorado y ahí me di cuenta que, claro, a mucha gente no le gusta hacerlo y lo hacen mal porque tampoco están formados para ser docentes, sino que son investigadores que se sobre adaptan a la situación. Después, más en lo personal, lo que me pasó fue que una vez que me doctoré, empecé a participar en el instituto en que yo trabajaba en el área de difusión, y donde lo que queríamos era mostrar lo que hacíamos a la sociedad. Para ubicar en contexto, estamos hablando del año 2016, inicios del macrismo. Un momento en el cual rondaba ese miedo al recorte a la ciencia, que tenía su correlato en la realidad. Circulaba esta idea de “si nadie sabe lo que hacemos, cualquier gobierno puede venir y cerrar nuestro espacio de trabajo porque total somos invisibles”. Además, uno dice biólogos en Mar del Plata y todo el mundo piensa “ah, trabaja en el INIPED”, como si no hubiese otros lugares de trabajo para científicos y científicas de la ciudad. Yo, particularmente, trabajaba en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras y allí nos interesaba mostrar justamente lo que hacíamos. Y ahí, otra vez, me choqué con la arrogancia de científiques que eran mis colegas. De hecho, una de ellas me dijo una vez -en palabras textuales-: “Podemos contarlo porque lo único que tenemos que hacer es billikenear el conocimiento que nosotros tenemos y así compartirlo”. A mí, esa idea de “billikenear”, me pareció que era bajarle el precio diez mil porciento. La realidad es que me chocó tanto que empecé cada vez a involucrarme más en cómo se comunicaba, qué era lo importante cuando uno estaba comunicando, porque claramente se trataba de una tarea distinta. Pero, no por eso, menos compleja que hacer ciencia en un laboratorio. Respecto a eso último, lo único que yo había hecho era escribir papers, textos de congresos y demás. Fue ahí donde me encontré con un mundo totalmente diferente y apasionante que me encantó. Luego, fue al instituto una pasante y me contó de la diplomatura en Comunicación Pública de la Ciencia de la Universidad del Centro. No lo dudé. Me anoté y ahí comenzó un camino de ida. Es como si todas las cosas hubieran estado preparadas para que recorriera este camino.

«Uno dice biólogos en Mar del Plata y todo el mundo piensa ‘ah, trabaja en el INIPED’, como si no hubiese otros lugares de trabajo para científicos y científicas de la ciudad»

– En relación a qué fue lo que me impulsó realmente a dejar el laboratorio, creo que fue un cúmulo de cosas. Como te decía, yo estaba transitando el camino de la comunicación pública de la ciencia, pero por otro lado también me pasó Macri. La primera convocatoria que tuve como investigadora resulté rechazada así que, en una segunda oportunidad, busqué un nuevo grupo en el cual presentar una nueva propuesta. Así que, lo que me pasó fue eso: el recorte que me hizo ver que no iba a haber lugar para todas las personas dentro del sistema. Y después, que había cosas que ya me molestaban de ese sistema, que tenían que ver con un verticalismo incuestionable. Por último, me pasó que me enamoré de la comunicación. Me empezó a gustar mucho más y también me cerraba mucho más la idea de sacar la ciencia del laboratorio y no estar repitiendo un patrón con el que no me sentía cómoda. Porque siempre se seguía recreando esta idea de “torre de marfil”, donde les científiques son quienes tienen el conocimiento y, por lo tanto, el poder. Así, el resto de las personas resultan “ignorantes” y deben alabarlos cual dioses de la comunicación de la ciencia.

«Para mí, la comunicación es un puente. Y eso fue lo que me enamoró. Tiene que ver más con mis ideales y con mi forma de transitar la vida, en varios aspectos»

Feminismo, ciencia y comunicación

Tareas domésticas; tareas de cuidado; brecha salarial; techo de cristal; feminismo sí, feminismo no; aborto legal, seguro y gratuito; abolicionismo; regulacionismo. Todo esto y mucho más, que podría englobarse bajo el marco de la agenda de deconstrucción del patriarcado, se ha puesto en tela de juicio desde hace muchos años no solo en América Latina, sino en todo el mundo.

Pero, ¿qué sucede con la digitalización? ¿En qué marco se inscriben los feminismos dentro de la tecnología, el acceso a ella y la equidad en género? ¿Es posible hacer ciencia sin brecha de género, o una vez más acceder a este lugar es considerado un privilegio para las feminidades y divergencias?

La brecha de género es una realidad innegable. ¿Cómo impactan estos temas en las redes sociales? ¿Sentís que hay interés en la audiencia?

Respecto a la brecha de género en las redes sociales, hay que tener en cuenta que cada red social en particular, es un mundo aparte. Cada una tiene un público diferente. Facebook es el espacio de los abuelos, Instagram el de las tías y TikTok el de les sobrines. Y acá, lo digo en femenino, no porque yo fuese mujer, sino porque cuando analizo las estadísticas, la mayor proporción de quienes me siguen son mujeres. En Instagram, por ejemplo, es más alevoso: más del 80 por ciento son mujeres. Yo creo que la brecha no solo está en la ciencia, sino que se ubica en todos los espacios laborales existentes. Y, en ese sentido, es como que las mujeres buscamos hacer red y poder acceder a esos datos que sabemos que están, que los intuimos, pero que necesitamos ponerles un número concreto. Además, hay como un adultocentrismo circulante que le dice a los jóvenes que no saben nada, que no les preocupa nada, que solo les interesa la música, bailar y el fin de semana. Yo no lo veo de esa forma. Y así lo indican los números: la mayoría de quienes me siguen, por ejemplo en TikTok, son gente muy joven y de toda latinoamérica, no solo de Argentina. Y la realidad es que tienen una preocupación genuina y están demandando respuestas a sus preguntas. Demandan que la ciencia las responda y eso habla del interés que tienen y de la necesidad de que las cosas cambien. Ellos y ellas saben de las brechas existentes pero las quieren achicar y eso me parece recontra necesario.

Daniela Garanzini cuenta que en su generación no había la conciencia de clase y de género que existe hoy en día. Y en ese sentido, afirma que las redes sociales tienen un poder muy grande, ya que funcionan como espacios de demanda de información y que la misma es cada vez de más alta calidad. Para la científica, el mayor desafío es derribar el estereotipo clásico de científico y científica como “dios”. Según ella, la clave está en aprender a escuchar lo que la audiencia demanda y responder siempre prestando atención a la retroalimentación y, claro, a la información de calidad y verificada.

Por otro lado, la especialista critica fuertemente la lógica mercantilista, en la cual muchas veces Instagram o TikTok te solicitan el pago de tu propia publicidad: “Hay que recordar que las redes sociales también son un espacio de negociación y que muchas veces ellas mismas te piden financiamiento para mostrarte, cuando lo que estamos haciendo es generar un contenido que de por sí tiene un valor”.

A esto, Daniela agrega un doble problema al debate: el de la brecha de género. Ella afirma que las comunicadoras, en este caso, terminan por sobrecargarse a sí mismas al generar contenidos explicativos de los problemas de género: “Somos muchas las mujeres que tenemos que hacer contenido en función de la perspectiva de género. O sea, a todas las tareas que tenemos, más las tareas de cuidado, le tenemos que sumar que tenemos que estar haciendo conciencia de estos temas”, sentencia.

«A los hombres no se les pide lo mismo»

Antes y después de la pandemia

– Daniela, además de hacer radio, investigar y escribir, trabajás laboriosamente en tus redes sociales, específicamente en tu cuenta cientificasconvoz, tanto en Instagram como en Tik Tok, y lo cierto es que tuvo un crecimiento exponencial durante la pandemia. ¿Podrías contarnos cómo fue esa experiencia? ¿Cuál crees que fue el “antes y el después” para este salto tan grande?

– Creo que el cambio en las redes sociales comenzó a ser más masivo a partir del contenido que comencé a subir. Todo se puede contextualizar en AP y DP -antes de la pandemia y después de la pandemia-. Antes de la pandemia, yo trabajaba en CONICET Mar del Plata a medio tiempo, daba clases en un secundario en Miramar y, además, era docente en escuelas secundarias para adultos. Tenía una vida social muy activa que de un momento a otro quedó totalmente restringida gracias a la pandemia. Ahí comencé a sentir la necesidad de socialización, una fuerte necesidad. A mí me cuesta mucho no socializar, es que es parte de todos los seres humanos. Esa realidad me pegó muy abajo y fue ahí donde encontré en las redes sociales la forma de poder estar con otras personas, sin la necesidad de estar en la misma habitación. Descubrí que podía haber un diálogo. Así que, lo que hice fue empezar a afilar las búsquedas y empezar a ver cómo realmente se podía hacer un buen contenido para redes sociales, porque tampoco considero que porque sean redes sociales sean menos rigurosas, ya sea en su contenido como en su elaboración. De hecho, cuando entrás a mis perfiles, vas a ver que hay un cambio muy grande. Hay ciertos elementos que se han probado una vez que no han funcionado bien, entonces cambié de formatos. Creo que lo que más me marcó al inicio de la pandemia fue el hecho de no poder socializar con otras personas.

– Retomando un poco esta idea de la pandemia, en los primeros meses de aislamiento se notó una fuerte necesidad de información clara y verificable, a nivel mundial. ¿Creés que hubo o hay más tiempo para informarse, y de allí el crecimiento de ese “interés” por parte de las y los usuarios?

– Efectivamente. Creo que al inicio de la pandemia hubo una mayor demanda de información, pero no solo por tener más tiempo, sino porque el ser humano de por sí necesita altos grados de información todo el tiempo. El otro día, justo estaba viendo la serie Mad Men, ese capítulo en que lo matan Kennedy y cómo todo el mundo estaba pegado al televisor porque se quiere saber algo más. La diferencia hoy es que hay más espacios y tenemos un acceso más directo, más en primera persona, de lo que está pasando. Hoy vemos lo que está sucediendo en Colombia gracias a que el cantante René de Calle 13 hace una transmisión en vivo. Y estamos ahí, junto a dos millones de personas, enterándonos de todo lo que está pasando de manera inmediata.

 

Lejos de la intención de caer en una postura biologicista, Daniela explica que un poco está en nuestra “naturaleza”. Todos queremos saber algo que los otros no saben. “Entonces, cuando nos llega una información, se replica como reguero de pólvora sin ser chequeada, muchas veces”. Y en ese sentido, comenta que hay un gran problema en las sociedades actuales: es que si solamente nos interesara la información verídica y confiable, no tendríamos hoy la problemática de las fake news.

Sin embargo, afirma de manera contundente que existe una mayor demanda de información y que hoy en día hay mayores canales de comunicación disponibles. El problema, justamente, es que crezca la demanda de información chequeada y verificable. “Ojalá empecemos a tomarlo como una necesidad”, afirma.

 

– ¿Considerás que la pandemia puede ser una buena oportunidad para debatir y poner sobre la mesa distintas cuestiones del feminismo?

– Sí. Creo que la pandemia es un punto de inflexión para poner sobre la mesa y discutir, no solo los temas que se plantean desde los feminismos, sino también desde el sistema capitalista. Me parece que eso fue lo que se puso sobre sobre tablas cuando todo esto irrumpió en nuestras vidas. No podemos seguir viviendo de la manera en que vivíamos. El sistema no debería seguir produciendo de la manera en que produce.

La creadora de cientificasconvoz comenta que, para derrumbar estas lógicas, es necesario no solo desplazar a las mujeres de las típicas tareas de cuidado, sino también construir accesos más justos en el mercado laboral. Que las feminidades trabajen a la par de los hombres, expresa. Y critica que en muchas ocasiones se habla de una falsa ilusión de empoderamiento -la gran ganancia del capitalismo-, ya que las mujeres duplican sus jornadas laborales y más aún en tiempos de pandemia.

“La pandemia puso sobre la mesa que siempre las mujeres somos las más perjudicadas. Las mujeres, las feminidades y ni hablar de las diversidades que, además, tuvieron un grave problema en medio de este párate laboral en donde no podíamos circular y lo vimos desde todos lados respecto de las compañeras trans o de las compañeras trabajadoras sexuales”, argumenta.

«Creo que la pandemia es un punto de inflexión en estos temas»

Del techo de cristal al techo de papel

– Ligado a la anterior pregunta, en tus redes oficiales además de subir contenido respecto al famoso “techo de cristal”, presentás el “techo de papel”, propuesto por un sociólogo canadiense. Allí, explicás que tiene que ver con la desigualdad en cuanto al acceso de las mujeres a los medios de comunicación tradicionales y/o hegemónicos. A partir de esto, ¿cuáles crees que son los desafíos futuros? ¿Creés que es posible el acceso de más mujeres a los medios de comunicación, y por tanto, aumentar su visibilidad?

– El techo de papel es mi tema preferido para hablar porque es con el que más me siento identificada. Creo que nada es independiente y que este problema viene de la mano de los grandes empresarios de los medios de comunicación y los directores, que son hombres. Quizás, podemos llegar a tener una o dos mujeres, pero claro que en proporción siempre somos las menos. Entonces, no solo no nos consultan sino que cuando nos consultan, nos consultan exclusivamente para cuestiones de género y eso se ve muchísimo en los portales. No se le pregunta a una mujer por su investigación en astrofísica, sino sobre cómo es la cuestión de género en la astrofísica. La realidad es que soy muy pesimista sobre la situación actual que hay respecto del techo de papel, pero sí creo que es posible de ser cambiado.

Daniela explica que el panorama actual puede ser revertido a medida que las figuras femeninas comiencen a cobrar protagonismo en los medios de comunicación. Y que eso se logra exclusivamente con la participación, una participación más pluralista y horizontal.

También ejemplifica con el caso del lenguaje no sexista. Según ella, el lenguaje no binario comienza a circular con mayor presencia en los medios de comunicación. Y es justo ahí, en esos pequeños detalles, donde comienza a verse poco a poco la caída del techo de papel.

“Creo que la inclusión de estos pequeños detalles va a ir sumando para que, en algún momento, ese techo de papel deje de existir. Pero, siempre entendiendo que este techo de papel es el correlato de un techo de cristal que existe, no solo en la ciencia, sino en todos los espacios laborales que habitamos”, concluye la científica y comunicadora.

 

 

 

*Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Taller de Redacción para Medios Digitales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

 

 

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